lunes, 12 de diciembre de 2016

EN EL SILENCIO DEL DESIERTO.- CAPÍTULO 32: EL TRIUNFO DEL AMOR.- UN NUEVO COMIENZO


Esta vez, sin necesidad del hermano pastor, regresaron a su valle. Jhoan había sacado a Huracán y cabalgaban juntos. Cuando estaba a punto de regresar a casa, vio a lo lejos a sus hermanos y fue hacia ellos. Se bajó del caballo y echó a correr, pero Huracán fue más deprisa que él y llegó antes a David.
Jhoan veía con extrañeza cómo Huracán había ido directo a David e ignoraba la presencia de Micael y Raquel. Se paró en seco y siguió observando, y por fin comprendió.
Micael seguía avanzando hacia su hermano, pero Jhoan era incapaz de moverse. Hubo un momento en el que Micael se paró y miró a su hermano, y le sonrió, y Jhoan, empujado por una mano invisible, echó a correr y se abrazó a él. ¡Y supo la verdad! ¡Aquel cuerpo era distinto, pero seguía siendo su hermano! No hablaron nada, solo se sintieron, se amaron. Enseguida llegó Raquel, y Jhoan fue a ella y la abrazó contra él.

- ¡Camaleón... por fin ese vacío en tu corazón, ha sido colmado!
- ¡Si Jhoan, y ya soy suya para siempre!
- ¿Por qué no nos dijisteis nada?
- Seguramente en estos cuatro días hubieseis estado pensando en celebrar una despedida, y sin embargo ahora, habrá que disfrutar de un regreso final. Ya nada nos separará hermano. ¡Pase lo que pase, estaremos juntos!
- Dime, hermano... ¿por qué Huracán os ha ignorado?
- ¡Pues porque no nos ha visto ni olido! ¡Solo vosotros podéis hacerlo! Para el resto del mundo, nosotros ya no existimos.
- ¿Y tu, David? ¿Sigues siendo normal, no...?
- Bueno, nunca he sido normal, pero sí, sigo con mi cuerpo de siempre. Yo solo les acompañé para apoyarles en la operación, pero mi cita es para más tarde. El David que creen que han matado, es Safram. Cogió mi viva imagen para protegerme. Hay muchas cosas que hablar y comentar, porque a pesar de lo desagradable de la experiencia, ha habido hechos muy hermosos, imprevistos, como todo lo que nos ha venido sucediendo últimamente, pero muy importantes. Volvamos a casa con los demás, y disfrutemos de ello.

Cuando Salomé, Juancho y Antonio supieron la verdad, no sabían si echarse a llorar o a reír. No sabían si era angustia lo que sentían sus corazones por la experiencia de sus hermanos, o alegría por tenerles allí para siempre. Se quedaron mudos, mirándoles fijamente. Solo Antonio fue capaz de reaccionar de una forma natural. Fue hacia Micael, le tanteó con la mano los brazos, el rostro y las piernas, y con una sonrisa sarcástica exclamó:

EN EL SILENCIO DEL DESIERTO.- CAPÍTULO 31: EN EL ARCA DEL AMOR


Llegó el día de la partida. David les había dicho a sus hermanos que tenían que irse a ultimar informaciones y detalles con los Hermanos sobre la tarea a realizar en Israel y Egipto. Ninguno sospechó la verdad sobre el adelanto de la cita, quizá porque David también iba con ellos.

- ¿Cuanto tiempo creéis que os tendrán ocupados? Preguntó Juancho.
- No lo sé... depende de lo que nos tengan preparado. Respondió David.
- Es que nos gustaría estar con vosotros antes de que... bueno, de que tengáis que iros...

Y Micael no le dejó terminar. Fue hacia Juancho y le abrazó, y lo mismo hizo con todos.

Los cuatro bajaron hasta el valle y allí esperaron la presencia del hermano pastor. Pero esta vez no fue camuflado de cabrero, sino de lo que realmente era. Un gran ser, de dos metros de altura, vestido de blanco y con un rostro muy parecido al de Micael, solo que sus ojos eran violetas, como los que Sarita vio en su amigo Jhoan.
Este les saludó y les preparó para el viaje. Entraron en un cono de luz azulada e inmediatamente desaparecieron. Para ellos fue un simple entrar y salir, solo que sus pies ya pisaban la tierra de Jerusalén. Estaban allí de nuevo, y en la misma campa donde encontraron la llave.

- ¡Hemos vuelto al mismo lugar...! ¿Pero qué tiene que ver este sitio con las puertas dimensionales?
- Raquel, este era el final del recorrido, solo que dadas las circunstancias, va a ser nuestro comienzo. ¿Te acuerdas que entonces te comenté que esta roca era el acceso a otros túneles que no debían ser explorados hasta que llegase el momento?
- ¡Sí, me acuerdo perfectamente!
- ¡Pues este es el momento! ¿Estáis preparados?
- ¡Cuando quieras, Micael! Respondieron Daniel y David al unísono.

Micael se concentró y sus manos comenzaron a vibrar. Cogió las de Raquel entre las suyas y movieron la roca del suelo. Aprovechando la oscuridad de la noche, y que nadie había acampado por los alrededores, mantralizaron y la tierra se abrió a sus pies. Quedó al descubierto un pasadizo de escaleras que bajaba hacia la entrañas del Gólgota. Cuando el último de ellos comenzó a bajar las escaleras, la tierra volvió a cerrarse de nuevo. Mil escaleras bajaron. No sabían la profundidad a la que estaban, pero por la presión que sentían, debían ser varios cientos de metros. Cuando se disponían atravesar uno de los muchos túneles, observaron que frente a ellos, en una de las paredes de roca, había un círculo de luz dorada.

- ¡Esto quiere decir que al otro lado de la roca hay alguien que quiere salir! Exclamó Micael.
- ¿Pero esto es una puerta dimensional?
- ¡No, David, pero alguien necesita nuestra ayuda!

Y los cuatro posaron su mano derecha sobre la roca dejando salir de sus pechos la vibración. Tuvieron que retroceder unos pasos, pues aquella pared se volvió fuego, y a través de él salió un hombre. Y de nuevo la roca volvió a cerrarse.

- ¡SAFRAM, hermano! ¿Qué haces aquí?
- Sabía que habíais recibido mi mensaje, y os he estado esperando. Todas las puertas que hay a lo largo del Sinaí, no podrán ser abiertas. Están atestadas de militares, mercenarios y fanáticos esperando daros caza en el momento en el que salgáis. Por ello he ido trayendo para aquí a todos los hermanos. Solo podrán abrirse las que hay de Jerusalén a Hebrón. Esta podrá utilizarse, pero os advierto hermanos, que ya están allí esperando.
- Safram, será en Hebrón donde darán con nosotros.Solo nos quedan cinco puertas de las trece.
- ¡La salida será lenta, Micael! Somos muchos, y tenemos que hacerlo despacio y con mucho cuidado. Y el tiempo, en estos momentos, no está de nuestra parte. Como os dije, los amigos de Josafat fueron hechos prisioneros, y tienen que estar sacando de ellos información, porque cada día que pasa, descubren una nueva puerta.
- No te preocupes, Safram, porque en el momento en que nos tengan, se olvidarán de vosotros, al menos os darán más margen para que podáis salir. Pero hay que darse prisa. Tú sabes dónde están las cinco puertas. ¡Guíanos a ellas, pronto!

Safrán se puso en la cabecera del grupo. Iban a buen paso. Tenían que ganarle al tiempo. Llegaron a la primera puerta. El dibujo de una serpiente emplumada dentro de una probeta cerrada herméticamente, era el símbolo de la puerta. Micael puso su dedo índice sobre el tape de la probeta, David el suyo sobre la cabeza de la serpiente, Raquel sobre la cola de la misma, y Daniel sus manos sobre el círculo. Se concentraron y dejaron brotar de nuevo la vibración, y aquélla pared de roca se abrió, viéndose al otro lado cientos de hermanos que esperaban de pié y en un expectante silencio, el momento de salir. Ya tenían sus instrucciones. Y fueron saliendo en un estricto orden. Y así fueron abriendo las otras puertas.

EN EL SILENCIO DEL DESIERTO.- CAPÍTULO 30: CONSCIENCIA Y AMOR INCONDICIONAL


Micael y Raquel iban en el coche con Antonio, y luego subirían Marcos y Gloria. En el otro coche, conducido por Juancho, iban David, Jhoan y Salomé. Salieron de la casa y se pusieron rumbo a Madrid.
A esas horas de la madrugada no había mucha circulación, por lo que se presentaron en el restaurante con un cuarto de hora de antelación. Para no llamar la atención, aparcaron dos calles más abajo, y mientras esperaban en el interior del coche, David y Juancho, fueron a su encuentro.

- ¡Muchachos... que estamos aquí...! Exclamó Marcos saliendo del restaurante.
- ¿No queréis entrar a tomar algo? Preguntó Gloria.
- ¡No, debemos partir enseguida! ¿Vas a venir con nosotros?
- ¡Vamos los dos, amigos! Hemos estado hablando, y le he contado a Gloria todo. Todavía no me ha dicho lo que piensa, pero quiere venir conmigo.
- Gloria, no sabemos cuanto tiempo tendremos que estar escondidos, ni qué va a pasar en un futuro... ¿estás segura de querer venir?
- ¡Solo estoy segura de una cosa, David, que amo a Marcos y no voy a separarme de él ya nunca más! Esperadme unos minutos, quiero llamar a mis padres y decirles que me voy con Marcos, por lo menos sabrán que me he ido por mi propia voluntad y no pensarán en cosas peores...
- ¿Gloria... puedes esperar un día?
- ¡Sí, claro, no creo que me echen de menos en veinticuatro horas! ¿Pero por qué hay que esperar?
- ¡Ya hablaremos sobre ello en el camino! Vosotros viajaréis en el coche de Antonio con Micael y Raquel. Están aguardando dos calles más abajo. ¡Vamos para allá!

En el viaje reinó el silencio en los dos coches. Antonio llevaba puesta música inca, y Juancho música clásica. Todos guardaban silencio, pero bullían sus corazones. Micael, a través del cristal retrovisor miraba y sonreía a su mujer que iba detrás con Marcos y Gloria, y estos dos miraban hacia delante, pero sus manos estaban entrelazadas, hasta que en un momento determinado, Marcos abrazó a Gloria y la estrechó contra él. En el otro automóvil, David hablaba con Juancho sobre la zona a la que se dirigían. La conocía muy bien. Y detrás, Jhoan y Salomé, también en silencio, pero con las manos unidas.

Eran las siete y media de la mañana y estaban en el área de servicio de Lleida. No habían parado en toda la noche, y necesitaban ir al baño y comer algo. El primero en salir del coche fue Antonio. Fue hacia el restaurante y cogió la prensa. Cuatro ejemplares de distintos periódicos, y volvió al coche. Ojearon los diarios y quedaron estupefactos. En la tercera y cuarta página aparecían sendas fotos de Micael y Jhoan, y al pié de las mismas, los nombres de David, Raquel y Salomé. Todos ellos tachados de jefes de una secta siniestra cuyas investigaciones hechas en Egipto e Israel, les acusan de haber provocado la destrucción de tan queridos, importantes y necesarios monumentos de la humanidad. La investigación, en España, no era oficial, pero la noticia se iba a extender como la pólvora.

- ¡Tenemos un panorama estupendo, muchachos! ¿No teníais vosotros dos fotos más malas que esas?
- ¡Cielos, son las fotos del carnet de universitarios! Parecemos delincuentes. Exclamó Jhoan.
- ¡Ya no podemos entrar en grupo! ¡Tendremos que dividirnos! Y vosotros dos... venid conmigo, detrás de la guantera tengo algo para que os pongáis y paséis más inadvertidos. Exclamó Juancho llevando a los hermanos hacia el coche.

Al cabo de unos minutos, aparecieron. Micael y Jhoan iban con gafas de sol y una visera.

- ¿No creéis que dais más el cante con gafas que sin ellas? ¡Si todavía no hay sol! Exclamó Raquel. Creo que lo mejor que podemos hacer es ir a los baños que hay aquí, en el exterior, y que Juancho y Antonio vayan a comprar algo para comer, y nos lo comemos en otro sitio más apartado, donde no haya gente.
- ¡Soy de la opinión de Raquel, hagámoslo así, es más seguro! Respondió Juancho.

Este fue con Antonio y Marcos a por unos bocadillos y bebidas, y cuando regresaron, volvieron a la autopista. David conocía una zona a la salida de Lleida muy aislada y bonita, donde a veces paraba con sus amigos cuando iban a hacer montañismo. Tenía muy difícil acceso por el mal estado de la carretera, pero consiguieron llegar sin castigar demasiado a los automóviles. Pararon y se dispusieron a almorzar.
Cuando se disponían de nuevo a seguir el trayecto, un hombre, que parecía un viejo pastor, acompañado de un perro y unas cuantas cabras, se dirigió a ellos.

EN EL SILENCIO DEL DESIERTO.- CAPÍTULO 29: FUSIÓN EN LA GRUTA ESMERALDA.- LA TORMENTA AMENAZA


Micael y Raquel atravesaron el umbral de la puerta dimensional. Esta quedó activa, flotando en el aire, en actitud de espera, pero para mayor seguridad, Micael la desactivó. Estaban en un túnel, solos. Raquel miró detenidamente sus paredes, y vio que éstas eran de un metal desconocido.

- Micael, estamos en los túneles que llevan a la cámara de cristal, la que está bajo el agua. Es allí donde hablé con Luzbel antes de que éste se entregara a la Piedra. Los otros túneles son de piedra, por donde yo salí al exterior entonces.
- En ese caso solo nos queda avanzar, porque si recuerdo bien, la gruta de la Piedra está al otro lado de la Cámara, bajo el agua. ¡Sigamos!

Avanzaron unos cien metros más y encontraron la puerta de acceso a la cámara. Estaba cerrada, y como nadie la abría por el otro lado, pusieron su mano derecha sobre ella y ésta cedió. Entraron, y lo primero que vieron fue a uno de aquéllos seres tumbados boca abajo y aparentemente muerto. Micael fue corriendo hacia él y lo volteó. Todavía respiraba, pero estaba agonizando.

- ¡Safram, hermano, ya estamos aquí, pero te necesitamos... no te dejes morir!
- Mi amor, está muy bajo de energía... si no hacemos algo se nos irá.
- Princesa, cógele la mano derecha y llévatela a tu corazón, como lo hiciste con la rosa, yo haré lo mismo con la izquierda. Necesita energía y se la daremos.
- Safram, escucha... vamos a darte energía, pero es necesario que tú te abras a nosotros, que confíes. ¡Soy yo, Micael, tu hermano! ¡Hazlo, hermano, te necesitamos para recuperar a los demás!

Safram como respuesta apretó sus manos, y Micael y Raquel se dispusieron a aliviarle con la energía que bullía como un huracán en sus corazones. Poco a poco aquél ser se fue recobrando, y con la ayuda de los dos se incorporó. El no hablaba, se comunicaba con ellos mentalmente. Micael le abrazó y luego lo hizo Raquel. Todavía no podía andar por sí mismo, así que se apoyó en ellos. Atravesaron una serie de túneles, éstos mucho más estrechos y con un calor asfixiante.
Además, en el ambiente, había una energía muy poderosa y que reaccionaba violentamente contra ellos. Safrám les habló telepáticamente, advirtiéndoles del peligro:

- Micael, ellos están aquí, los que nos han robado la Piedra y nos están arrebatando la vida. No consentirán que nos acerquemos a ella. ¡Os destruirán a vosotros también!
- Safram, no te preocupes, no podrán con nosotros, tenemos la esencia del Padre.

Cuanto más se iban acercando, mayor era la reacción contra ellos. Flechas invisibles hacían blanco en el cuerpo de los tres, provocándoles un fuerte dolor. Hubo un momento en el que Raquel cayó al suelo, y aquéllas ráfagas afiladas la herían constantemente, impidiéndole levantarse. Micael dejó a un lado a Safram y fue donde ella.

- ¡Mi amor, ánimo, puedes vencerles!
- ¡Ayúdame a levantarme, Micael... ayúdame!

De nuevo en pié, respiró profundamente, y junto con Micael llevaron al ya exhausto Safram. Llegaron a la cueva y vieron la hermosa Piedra Esmeralda totalmente apagada. Tan solo parpadeaba un diminuto punto en su centro, aquél que Raquel, en su primera visita, introdujo delante de Luzbel. Una gran serpiente de energía la rodeaba, y en cuanto ellos se acercaron, se dispuso a atacar.

- ¡Raquel, avanza sin cuidado, nada puede hacer contra nosotros! ¡Aunque te sientas morir, sigue avanzando y déjate absorber por ella!
- ¡Mi amor, estoy preparada!

Micael cogió de la mano a su mujer y juntos avanzaron hacia la Piedra. La serpiente abandonó su más preciado trofeo y se enroscó en ellos, provocándoles dolor, asfixia y convulsiones, pero a pesar de todo, ellos seguían avanzando hacia la Esmeralda.
De repente Raquel se paró, se soltó de su marido y enroscando a aquélla serpiente en su brazo derecho, la soltó con fuerza y decisión arrojándola contra las paredes de la gruta, desintegrándose al momento. Pusieron sus manos sobre la Piedra Esmeralda, ésta se iluminó y les absorbió.
Una gran explosión de energía verde invadió la gruta, y como canales fue recorriendo todos los túneles y estancias.
Safram, envuelto por aquélla luz, se incorporó y se sintió lleno de vida, de fuerza y de poder. Permaneció en silencio como testigo de aquél evento y esperó.
Aquélla energía verde salía de la Esmeralda a unas velocidades vertiginosas. La Piedra desapareció, y solo quedaron los tres en su lugar. Safram contempló con emoción cómo entre Micael y Raquel estaba su querido hermano y jefe Luzbel. Estaba lleno de luz, sus cabellos dorados como el oro, su piel blanca y sedosa, sus ojos verdes como la esmeralda. Fue hacia él y se arrodilló. Luzbel posó su mano sobre su cabeza, y al momento Safram se convirtió en el ser de Luz que fue en el principio. Y aquéllos ojos, también verdes, se inundaron de lágrimas, y tanta luz había en ellas, que parecían brillantes de una pureza inusitada.

EN EL SILENCIO DEL DESIERTO.- CAPÍTULO 28: EN LA GRUTA SAGRADA


Por fin llegaron a la entrada de la gruta y se apresuraron a entrar en ella. Cuando lo hicieron, aquélla pared se fundió en puro fuego y de nuevo quedó fría y sólida como una roca. Solo que cuando ésta se solidificó de nuevo, sobre la silla de piedra apareció sentado el mismo monje que Raquel viera en su sueño y que le reveló que eran de los siete mil corderos de Cristo. Les sonreía con ternura, y sus manos abiertas rebosaban amor y entrega absoluta. Micael y David enseguida le reconocieron, y volviéndose hacia sus hermanos, Micael tomó la palabra y dijo:

- Hermanos, El es uno de nuestros más queridos Maestros de este Universo. El representa uno de los aspectos del Padre, el de la Misericordia y el Perdón.

Y dicho esto, fue hacia El y le besó las manos.

- ¡Venid, queridos!

Cuando todos estuvieron frente a él, se levantó y abrazó a cada uno de ellos. Y abandonando su silla de piedra, les acompañó y se sentó con ellos en el suelo. Fuera se oían ruidos de disparos, y por las vibraciones de la gruta, querían abrirse camino a través de la roca.

- ¡No os preocupéis queridos, porque mientras estemos aquí, no podrán entrar en este recinto sagrado! Y cuando lo hagan, lo único que encontrarán serán madrigueras de conejos y reptiles.
- ¿Maestro, qué está sucediendo?
- Micael, hijo, mi nombre es Uriel, y soy hermano vuestro. ¡Solo hay un Maestro, EL! y sin embargo se autodenomina siempre como el Eterno Aprendiz del AMOR, y es el PADRE, que siempre se está creando y experimentando así mismo. Me preguntas qué sucede. ¡Pues que el combate final ha comenzado, hermanos! Y en estos momentos la batalla está muy desigualada. La oscuridad está asediando a la Luz, y crece por momentos. Nuestros Hermanos de La Piedra Esmeralda están agonizando. Los hijos de la oscuridad han dado con ella, se han hecho con su poder y tienen prisionero en ella a nuestro Hermano Luzbel y agonizando de muerte a sus hijos. ¡Hay que ir en su auxilio, Micael!
- Uriel, Hermano, pero este encuentro definitivo con la Piedra Esmeralda estaba previsto para casi al final de nuestro Plan, para dentro de cuatro o cinco años, porque una vez que lo hagamos, nuestro final será rápido.
- ¡Micael, lo sabemos! ¡Pero todo se ha acelerado! A través de la Luz que dejasteis en la Piedra Esmeralda, muchos de esos hijos de la oscuridad recobraron el poder y la fuerza perdidos en el momento en el que tú, hace dos mil años del tiempo de la tierra, dabas tu vida en la cruz. Y cuando liberasteis toda la información codificada de la Esfinge, despertasteis a todos los danzadores del Sol, pero también a miles de consciencias que fueron censuradas y hechas cautivas también en el momento de tu muerte. Ellos se han hecho fuertes, cuando los hijos de la Luz todavía están despertando. ¡Micael, Hermano, nuestros hermanos te necesitan! ¡Las fuerzas necesitan equilibrarse! ¡Los recién salidos a la Luz tienen que recibir un fuerte alimento para hacerse fuertes, y ese alimento eres tú! Lo que estaba previsto que ocurriese en cinco años, debe hacerse ahora. Los planes de grupo y personales, han cambiado considerablemente.

EN EL SILENCIO DEL DESIERTO.- CAPÍTULO 27: BAJO LA GRAN TORMENTA


La vida cotidiana y sencilla volvió a reinar en las dos casas. Lo siguiente que hicieron fue llamar a los amigos para comunicarles su regreso. Por parte de ellos no había ninguna novedad. Micael habló con Daniel sobre el tema de los enfermos, la casa donde los tenía instalados y los problemas que tenía él con el pueblo por la presencia de los mismos. Le comentó lo que ellos habían planificado y las alternativas posibles. El tiempo apremiaba a Daniel, le habían dado un plazo de quince días para que los sacara de allí, en caso contrario, quemarían la casa con todos ellos dentro. Así que quedaron en verse en Haifa al día siguiente.

Para tener algo concreto, Micael y Jhoan fueron a ver las dos casas que estaban en venta y a ponerse en contacto con sus propietarios. El problema era que vendían las dos casas o ninguna, puesto que ambas, junto con los terrenos de alrededor, pertenecían a un mismo propietario, y se quería deshacer del bloque completo. Las casas eran muy viejas. Aunque los cimientos estaban en perfectas condiciones y su construcción era muy sólida, la marquetería y el suelo, que era de madera, estaba podrida. Tenían muy buen precio, pero habría que invertir muchísimo.

Los terrenos que circundaban las casas estaban totalmente abandonados, pero con cuidados podrían convertirse en huertos y jardines. La ventaja que había en ser el propietario de todo eso, es que era una zona particular muy aislada, porque aunque estaba a cuatro Km. del pueblo, estaba muy alejada de la costa. Por ello no habían sido vendidas en mucho tiempo.
Micael quedó en volver con los propietarios dentro de dos días, con una o con otra determinación.
Una vez en casa, comentaron lo visto y hablado con las chicas y David. Hicieron cálculos, y con el precio de la finca y lo que habría que invertir en hacer habitable al menos una de ellas, superaba la mitad del dinero que había en la cuenta del banco.

EN EL SILENCIO DEL DESIERTO.- CAPÍTULO 26: AL ENCUENTRO DEL ARCA


Y el grupo de los cinco emprendió la marcha. Pasaron las horas, y al final llegaron al segundo día. Estaban cansados, más que físicamente, mentalmente. Caminar horas y horas a trescientos metros bajo tierra, por un interminable túnel, con la única luz que desprendía un líquido que rezumaban las paredes. Ninguno de ellos sufría claustrofobia, pero había momentos en los que le entraban a uno ganas de gritar. Así que como medida terapéutica, cantarían mientras caminaban. Como no disponían de relojes, pues el de David se había parado, no podían orientarse con el tiempo de descanso. Así que cuando los cuerpos ya no podían ni moverse, sacaban los sacos de las mochilas y se tumbaban a dormir.

Llevaban un buen rato durmiendo, pero Raquel se movía una y otra vez dentro del saco. No podía dormir. Micael se despertó, la vio, salió de su saco y fue donde ella.

- ¿Qué es lo que te inquieta, mi amor?
- Posiblemente sea la misma energía que nos rodea. Tengo las piernas súper activas, y no puedo relajarme. Pero también estoy un poco preocupada. ¡Micael, por favor, métete en el saco que hace un frío que pela cuando estás parado!
- ¡Pues déjame un hueco en el tuyo!
- ¡Pero si a penas quepo yo...!
- Entonces vamos al mío. Es el doble de grande que éste, y además estaremos más apartados de éstos y no les despertaremos...

Raquel abrió su saco, se incorporó y fue donde su marido tenía extendido el suyo. Se metieron los dos rápidamente, ya que realmente, hacía frío...

- Y ahora dime... ¿por qué estás tan inquieta?
- Ahora que estoy contigo, ya no lo estoy... ¡Es por la energía que hay dentro del Arca! El hecho de que tú y yo seamos los portadores... ¡me da escalofríos! ¡Tener tanto poder de repente...! Me da miedo, Micael...
- Mi amor, yo también estoy preocupado, es natural, pero no hay que tener miedo. Si estamos aquí es porque somos los más idóneos, para ello hemos sido preparados. Además, hay una forma de ser sus portadores sin riesgo a que nuestras personalidades hagan mal uso de ella.
- ¿Y cual es?
- Si a ti, uno de tus amigos, te confía algo de mucho valor para que se lo guardes en tu casa durante un tiempo, ¿tú dispondrías de él para tu propio beneficio?
- ¡Pues no, sería absurdo! Primero por dignidad personal y lealtad hacia él, y después porque sería idiota que contara con algo que no me pertenece.
- ¡Pues ahí tienes la respuesta, mi amor! ¡Tenemos que ignorar que la poseemos! Primero por nuestra propia dignidad, la que nos da nuestra propia consciencia, y después porque esa energía es para un hermano nuestro, que le ayudará a liberarse y a devolver a los hijos de las tinieblas la Luz. Debemos guardarla intacta, sin mancha. Eso sí... cuanto más amor por nuestra parte le entreguemos, mucho mejor, su sabor será más dulce...
- ¡Hombre... si conseguimos mantener esa actitud, es fácil...!
- ¡Naturalmente que lo haremos, princesa!
- ¡Micael, tenemos que estar más unidos que nunca!
- ¡Lo estamos princesa! ¿Estás más tranquila?
- Sí... contigo siempre estoy en el Cielo.
- ¡Ahora intentemos dormir...!

Micael abrazó a su mujer y la besó, pero ésta se enganchó a su cuello y fundió su boca con la suya.
- ¡Te quiero, Camaleón! Abrazando de nuevo a su mujer, quedaron poco a poco vencidos por el sueño.

Estaban ya exhaustos. Habían calculado por las paradas que habían realizado que estaban en el cuarto día. Ya no tenían fuerzas para seguir andando, y se dejaron caer en el suelo. Pero Micael permaneció de pié unos instantes, observando, calculando. Anduvo unos cuantos metros y se perdió para la vista de sus hermanos. Al cabo de un rato, volvió gritando y animándoles a que se levantaran.

- ¡Hermanos, ya hemos llegado, estamos en los últimos cien metros! ¡Un esfuerzo más y hoy descansaremos en un oasis!
- ¿Y cómo estás tan seguro?
- Cuando hice el viaje con nuestro hermano de Casa, estuvimos aquí, y me llamó la atención una parte de esta pared. ¡Mirad, es de color asalmonado, cuando el resto es marrón oscuro! Cuando pasamos por aquí, no tardamos nada en llegar a la zona de descanso.
- Pero Micael, tu viajabas en astral, y el tiempo es muy distinto... respondió Jhoan.
- ¡Un último esfuerzo, hermanos, estoy seguro!
- ¡De acuerdo, Micael, tu ganas! ¡Todos arriba, vamos...! Exclamó David incorporándose y cargándose la mochila a la espalda.