viernes, 10 de junio de 2016

LIBRO LOS HIJOS DEL SOL

Jetró desapareció inexplicablemente. Después de una semana apareció en el poblado rodeado de una extraña luminosidad sobre su cabeza. Enseguida buscó a Maser y en forma imperiosa le dijo:

- Toma el camino de la montaña. Ha llegado el momento.
- ¿Qué camino debo seguir?
- Durante estos meses has visto cómo las luces que vienen del cielo se meten en la montaña. Asciende hacia ese lado.
- ¿Pero que tengo que hacer allí?
- Simplemente sube. Todo está dispuesto. Ha llegado el momento. La Ley se debe cumplir. Tu mente es torpe y está prisionera de los sentidos, pero tu espíritu está dispuesto. Sube a la montaña y espera.
Con más miedo que espanto, Maser subió a  la montaña. Sus nervios le hacían sudar y respirar por agotamiento. Jetró le había dicho que comenzaba su trabajo y esto le hacía temblar de miedo. ¿Estaría preparado?
Después de cinco horas de ascensión llegó a la cumbre, en la cara oriental. Allí no crecía casi vegetación. En el suelo pardo y duro de la cumbre se veían círculos de terreno quemado de gran tamaño. ¿Quién habría quemado el terreno? –Se preguntaba- Todo rezumaba silencio. Estaba anocheciendo. El frío comenzaba a mover involuntariamente sus mandíbulas. Cerraba sus brazos sobre su cuerpo y se movía de lado a lado de la cornisa donde se había ubicado.
Finalmente comenzó a visualizar un pequeño resplandor de color rojo que salía de unos arbustos. Al poco rato este resplandor se hizo más vivo y ascendía en columna luminosa hacia las estrellas. El círculo por donde salía la luz, se hizo más grande hasta que alcanzó el metro y medio de diámetro. Maser estaba atónito sin poder mover un solo músculo de su cuerpo. Luego una voz que se oía en su cabeza como si de un trueno se tratara le dijo:

- Maser; entra en el círculo y no temas.

Las mismas palabras se repetían en su cabeza a la vez que inútilmente buscaba la procedencia de la voz.

Se acercó al círculo y se metió en su interior. A los pocos segundos comenzó a descender por un pasillo circular lleno de luz. Fue casi un minuto en el que el vértigo y el miedo le acompañaban en el angosto y solitario pasillo.
El susto casi le hace caer de espaldas. Bajo la montaña había una enorme cavidad repleta de vida, extraños objetos y artefactos inmundos. El sabía que esas máquinas eran las nubes metálicas que siendo niño le habían raptado y llevado a la presencia de su padre, pero en aquella montaña parecía que se habían reunido la mitad de la Galaxia. Fue recibido por dos seres que llevaban traje de vuelo y que le escoltaron hasta adentrarle en una sala circular repleta de luz. Allí estaban los viejos conocidos de su infancia. Allí estaban los “Dioses” adorados desde el principio de los tiempos por los egipcios.
En la sala había una docena de personas sentadas en forma circular. Todos le miraban. No pronunciaban palabra alguna, pero Maser escuchó en su cerebro:

- Esta es la morada de Isis, Osiris, Ra Neftis. Esta es la morada de los que vosotros llamas Dioses. Esta es una base de visita a vuestro planeta. Los seres que estamos aquí pertenecemos a una confederación de mundos. Venimos a la Tierra desde hace miles de años. Nosotros somos vuestros padres genéticos. Llegará un día en que vuestra evolución os permitirá acceder a dicha confederación. Entonces, esta base y otras tantas que se ubican en los diversos continentes de vuestro planeta saldrán a la luz.
Maser estaba alucinado puesto que no veía mover los labios de ninguno de los presentes y no obstante oía su voz en su cerebro con fuerza. Maser no sabía que estos seres han conseguido dominar la telepatía.
La conversación fue larga y profunda. Maser fue instruido en las bases fundamentales de la próxima operación que se iba a realizar desde el cielo y tierra.
Luego, fue introducido en una sala circular y acostado en una camilla. Unos seres de baja estatura y de ojos muy grandes le introdujeron unas pequeñas sondas por la nariz y por los oídos. Le fue implantado a la altura del oído interno un pequeño implante electromagnético que entre otras cosas recibía y emitía información simultanea de su cerebro a la base y a la recíproca, de la base a su cerebro. Desde ese momento Maser pasó a ser un contactado. Desde ese momento comenzó a recibir información telepática. Podía escuchar a los Dioses.

Curiosamente al ver esta imagen, ví como la misma tecnología se había realizado con muchos profetas y videntes del pasado.  Pero la visión duró muy poco y de nuevo retorné a la base subterránea.

Otra de las escenas impresionantes que pude ver fue a Maser recibiendo de manos de estos seres, una vara gruesa de madera a la que habían puesto en la parte alta, una piedra de color rojo en forma poliédrica, que emergía unos pocos centímetros.

- Para qué quiero esta vara –preguntó Maser-
- No es para ti, sino para Aarón, pues su pueblo es duro de mente y atado a sus dogmas. A ti no te respetarán, pues eres fundamentalmente egipcio, y a Aarón le respetan y le valoran más que a ti. ¡Observa!

Pusieron la vara en la mano de Maser y a pocos metros, sobre una mesa pusieron una pequeña pantalla donde aparecía la figura de un león. Luego activaron un botón y una especie de rayo luminoso salió de la pantalla y se conecto con la parte alta de la vara. En el mismo instante en el lado contrario del emisor, a pocos metros,  apareció la figura del león, tan vivo y real que Maser, tiró la vara al suelo y salió corriendo con un susto de miedo. Los seres que estaban a su lado, se echaron a reír al ver la actitud de Maser.
Yo; Homet-Nut,  que vivo en este tiempo y en el otro a la vez, comprendía que era un holograma proyectado por un laser, pero ¿Cómo podía entenderlo Moisés? Realmente la imaginación y eficacia de aquellos seres era extraordinaria y con la vara se podían proyectar todo tipo de imágenes que sin duda, impresionarían a los hebreos o a cualquier ser que viviera en aquel tiempo y en aquellas latitudes.
Pero no acabaron ahí las cosas pues acto seguido nuestro héroe fue introducido en una especie de tubo metálico iluminado. Maser pensaba que de esa experiencia no salía vivo. Pero aquel artefacto no solo no le mató, sino que le sometió a un proceso de regeneración integral. Se trataba de una máquina con capacidades regenerativas que aún hoy estas entidades la utilizan periódicamente en el proceso de regeneración celular. Realmente se nos acabarían los problemas de salud si el ser humano actual la tuviera a su alcance. Me temo que nos faltan muchos miles de años para llegar a dicha tecnología.
Después de un periodo de una hora, el Maser que salíó del tubo, y que cronológicamente tenía alrededor de cincuenta años, se había convertido a nivel biológico en un ser de veinte años. Su cuerpo irradiaba luz, emanaba vida y plenitud. Es por esto que al bajar de la montaña, las antiguas tradiciones recogen el hecho de que rayos luminosos salían de la cabeza del profeta. Incluso en las estatuas, como la de Miguel Angel, aparecen en su cabeza, dos pequeños rayos esculpidos en mármol.

Maser abandonó la base y descendió de la montaña sagrada, pero ahora tenía una misión de cumplir y no estaba solo. Ahora comprendía por que Jetró a pesar de tener cronológicamente cerca de los cien años se conservaba tan maravillosamente lúcido y dinámico. Ahora entendía por qué Jetró era sabio y por qué desaparecía del poblado en numerosas ocasiones. Ahora comprendía que Jetró era el “Guardián de la Puerta”.

 Pasaron todavía dos años. Dejó a Séfora que estaba embarazada a cargo de Jetró, pues en los próximos meses debía comenzar una operación tremenda que requería de todo su esfuerzo y concentración.  Debía poner en marcha el…

EL EXODO
En la ciudad de Ramsés, Josué con Aarón estaban impacientados y desilusionados. Los más allegados de entre los hebreos, habían desistido ya de los delirios de ambos. Pero nos le quedaba más remedio que esperar, puesto que Maser les había hecho llegar noticias periódicas a través de las caravanas que seguían la ruta de Madián hacia Egipto.

Lo primero que hizo Moisés fue acudir al derruido palacio de Amarna; el palacio que su padre Akenatón había edificado en homenaje a Aton.  Esta ciudad ahora deshabitada y proscrita por Ramsés estaba custodiada por guardias. Muchos de los edificios de la misma habían sido demolidos y las piedras talladas con esmero se habían empleado en otros tantos templos y palacios de Tebas.
Maser tuvo que esperar a la noche para introducirse en una pequeña edificación adosada al palacio. Seguía una ruta especial que los “señores de la montaña” le habían mostrado. Tuvo que mover varias piedras hasta descubrir una losa de un metro de lado que tapaba un pequeño nicho de tipo funerario. Con la ayuda de una palanca pudo entreabrir la losa. La sujetó con una cuerda gruesa e hico que uno de los mulos que le acompañaba tirara con fuerza. Finalmente pudo entrar en una pequeña cueva de techo bajo. Tuvo que encorvarse y caminar tres o cuatro metros hasta llegar a un sarcófago. Dentro no había ninguna momia, sino los protocolos en papiros de los “Hijos del Sol”.  La narración del encuentro de su padre Akenatón con los “Dioses “ y las primeras normas que habían sido pactadas por los hermanos de Fraternidad Solar y que finalmente darían sentido a los famosos “diez mandamientos” de los que habla la Biblia. Aquel tesoro que en su día buscara el general Horenjef como un poseso y que los sacerdotes de Tebas habían deseado con tanto afán, estaba ahora en manos de su legítimo dueño. Toda esta documentación pasaría después a otra Fraternidad; pero no en Egipto, sino en Qumram; en manos de los Esenio. Pero esta es otra historia, de la que nos ocuparemos en su momento.
Tuvo que cargar los mulos con grandes alforjas. En el fondo de las alforjas metió los papiros y sobre ellos varias telas, pues Maser viajaba de incógnito haciéndose pasar por mercader de tejidos.
Se disponía a cerrar de nuevo la losa, cuando divisó las teas encendidas de los guardianes del viejo templo. Aunque él había guardado un escrupuloso silencio, los cuadrúpedos le habían delatado y su relincho había despertado a los celadores. Salió precipitadamente del lugar salvando el pellejo por poco. Pero aquel error le costaría caro más adelante. Y si bien es verdad,  que se llevó todos los papiros y las tablillas en cera, el sarcófago de piedra que las contenía, tenía a su vez, grabado en su exterior los sellos de la Fraternidad Solar y del antiguo Faraón Akenaton. Aquella urna era el tesoro tan buscado por los detractores del culto a Aton y por el que se había derramado mucha sangre. Al día siguiente los guardas del templo descubrirían el robo y la máquina de la represalia se pondría en marcha muy a pesar de Maser.

Finalmente llegó a Menfis. Josué y Aarón se echaron en sus brazos llorando de alegría. Los tres saltaban como niños. Finalmente el destino les había reunido de nuevo y ahora, ya no sería para dialogar sino para ejecutar el plan, que noche tras noche, habían reinventado en su mentes.

Aquel año había sido duro para los egipcios. El Nilo había bajado en el aluvión mucho barro y las aguas traían disueltas grandes cantidades de pirita; su color era rojo como la sangre; esto que se daba en diversas ocasiones, era considerado por los sacerdotes como castigo del cielo. Por otra parte las langostas habían diezmado la cosecha. Según se produjera el viento, había años en que las langostas del centro del continente eran impulsadas en ejércitos de millones de ellas sobre los campos y las cosechas egipcias y producían hambrunas. Además se habían detectado varios focos de glaucoma. El glaucoma era una de las enfermedades más temidas por los egipcios, puesto que a lo largo del pasado había diezmado a sus pobladores. Esta infección que se produce en los ojos se convertía en pandemia. Los médicos egipcios solían pintar a las personas con hena los párpados y el lagrimal para preservarlos, pero aún así era inevitable que el virus hiciera de las suyas.
El excesivo barro del aluvión, había hecho fermentar en los campos muchos focos bacterianos, los mosquitos, los batracios y las ranas formaban un ejército molesto e indestructible.
Los hebreos consideraban todas estas circunstancias como castigos divinos. De ahí que en la Bíblia fueran utilizadas como armas arrojadizas contra los egipcios. Estos hechos dieron sentido a las “Plagas de Egipto” enviadas por Yavé, para castigar a los opresores de los hebreos. Afortunadamente Dios no se dedica a estos menesteres, pero sí los narradores de los textos “sagrados” que por tribalismo religioso terminan por atribuir cada desgracia, como venganzas divinas enviadas a los enemigos ocasionales.

El implante cerebral de Maser no dejaba de funcionar:
- ¡Saca a tu pueblo de Egipto! Una tremenda plaga diezmará la población. Debéis de emprender la marcha.

Finalmente el profeta preocupado reunió a Josué y a Aarón y les conminó a comenzar el éxodo de cuantos desearan retornar a la tierra prometida. Aarón no creía que el pueblo reaccionara. Conocía muy bien a sus hermanos de raza. Eran tercos como una mula, fanáticos y muy apegados a sus posesiones, aunque en este caso no eran muchas.
- ¡Hermano! Dudo mucho que te hagan caso. Tendrás que darles algo más que palabras para convencerles.
Maser sabía con lo que se enfrentaba y le replicó con una amplia y comprensiva sonrisa.
- Aarón, reúne a los ancianos y los más notables del pueblo. Yavé, nuestro Dios, hablará por mi boca y por el báculo que tu mismo portarás.

A los pocos días se reunieron cerca de cuatrocientas personas en torno a Josué; Aarón y Maser. Todos estaban expectantes. No conocían bien a Moisés, pero Aarón les había hablado maravillas de él.

- ¡Hermanos! debemos partir cuanto antes a la tierra de nuestros antepasados, una gran plaga se avecina sobre Egipto y podemos fallecer muchos de nosotros. Ha llegado la hora marchar.

Los hebreos comenzaron a murmurar hasta que finalmente le replicaron.

- Tú eres mitad egipcio y mitad hebreo ¿Por qué debemos creerte? ¿Quién eres tú para hacerte representante de nuestro Dios?
- El poder de Dios está en mí. El me sigue a todas partes. El me ha dado poder para apartar las serpientes a nuestro paso.

Luego mandó adelantarse a Aarón e hizo retroceder unos cuantos pasos a la multitud.
- ¡Mirad el poder de Dios!

Un rayo de luz salió de la vara que portaba Aarón y se formaron de la nada y en el suelo unas enormes cobras que parecían querer devorar a cuantos estaban presentes. Todos retrocedieron asustados. Pero de la misma vara salió un ser con una luz cegadora que acercándose a las serpientes las aplastó con sus pies. Lugo el ser incandescente se acercó a Moisés y le abrazo con ternura. Finalmente todo desapareció ante los ojos atónitos de los hebreos. Todos se quedaron maravillados con aquella magia, pues solo un hombre enviado por Dios podría realizar tales prodigios.
En los días sucesivos se precipitaron los preparativos del éxodo de los hebreos. Nada ni nadie podía impedirles marchar, puesto que no eran esclavos, como se ha dicho en forma equivocada en la Biblia y por otra parte todos los ciudadanos y pobladores de Egipto eran libres de circular por el territorio.
Maser nombró a Josué, jefe de seguridad de la caravana y le envió por delante para comunicar pueblo por pueblo y ciudad por ciudad, que la profecía se había cumplido y que había que volver a la tierra prometida.

No todos los hebreos se unieron a la odisea. Cerca de seis mil personas entre hombres, mujeres y niños, componían la avanzadilla del pueblo elegido.

El gobernador de Menfis recibió la protesta airada de patronos y empresarios que veían como su mano de obra se marchaba. Se consultaron las leyes y no había nada que les impidiera marchar. El faraón dudó en parar aquel disparate pero Ramsés II entendió que él no podía mezclarse en estas cuestiones menores, sobre todo cuando el ejército estaba combatiendo en las fronteras con los hititas. Por otra parte, al saber que Maser era un hijo bastardo de Akenatón comprendió que cuanto antes saliera de Egipto, mejor para todos, puesto que retomar la herejía del faraón loco, no era bueno para nadie y menos para recibir quejas de los sacerdotes.
Los primeros brotes de glaucoma, junto con el tifus comenzaron a detectarse en la población. Pero la desvencijada caravana ya estaba en marcha.  Esta epidemia que no afectó a los hebreos, fue luego interpretada como castigo divino enviado por Yavé a los primogénitos egipcios. ¡Que barbaridad! Ningún Dios puede complacerse en matar inocentes.

Siempre me he preguntado al leer la Biblia,  ¿Cómo es posible que siendo un pueblo esclavo, los hebreos salidos de Egipto tuvieran gran cantidad de oro para hacer un becerro o piedras preciosas para fabricar el escapulario del sumo sacerdote Aarón? Ningún esclavo puede almacenar estos bienes.  O en todo caso no eran esclavos sino hombres libres. No voy a entrar a debatir estas cuestiones, simplemente voy a relatar lo que vi al respecto.

El templo de Ra en  Menfis empleaba diverso personal, no solo de la casta sacerdotal, sino administrativa y docente. Una persona de confianza de Maser trabajaba en el mantenimiento del templo. Les vi a ambos planificando una serie de maniobras muy precisas. Se trataba de hacer suyos una serie de documentos, piedras preciosas y oro que se custodiaba en la sala del tesoro. Efectivamente la noche previa al gran éxodo, un extraño carromato tirado por bueyes se aproximó a los grandes muros del templo. Unas enigmáticas sombras salieron del templo, pero no con las manos vacías. ¿Qué llevaba dicho carromato?.....

Fue a la semana siguiente de dicho acontecimiento cuando los sacerdotes comprobaron que faltaban documentos y material de la cámara del tesoro. La policía no tardó en relacionar el robo con los servidores que hacía días no acudían a su trabajo. Tampoco les fue complicado deducir, que el saqueo de las ruinas de Amarna había sido orquestado por el mismo grupo. Y la evidencia de la marcha de los hebreos, les hacía culpables irremisiblemente.
El precepto de policía envió mensajeros a Tebas, donde temporalmente se alojaba el faraón a la vez que ordenó a un centenar de hombres y varios carros del ejército interceptar la columna hebrea, que sin duda estarían ya cerca de la frontera.  Y fueron estos hechos los que dieron origen a la famosa persecución de las tropas egipcias al pueblo elegido. Hechos estos que en la Biblia aparecen tergiversados y alterados para eximir de culpa a un pueblo que debía construir un pasado sin mancha.
Aquel proceder por parte de Maser puede parecer deshonesto, pero nada más alejado de la realidad. Maser, hijo de Akenatón tan solo estaba tomando una brizna de lo que correspondía a su padre y que Horenjef y los sacerdotes de Amón habían expropiado a la Fraternidad Solar y al propio faraón. No fue un robo, sino una pequeña y justa restitución.

Josué; un excelente estratega había dispuesto  cerca de doscientos jóvenes que a modo de policía iban dirigiendo al pueblo por caminos seguros. Por cada pueblo o ciudad que pasaban se les unieron cientos de otros tantos hermanos. El grueso de la caravana venía de la ciudad de Ramsés, que se estaba construyendo en el delta. Eran casi todo artesanos del adobe y de la piedra. Finalmente llegaron al delta del Nilo. En Menfis, la segunda ciudad del estado, había un numerosísimo grupo de hebreos.  Y  tomaron rumbo al mar, camino de Madián. Eran cerca de seis mil personas que avanzaban con entusiasmo hacia su liberación.  La ilusión de los ancianos se mezclaba con los recién nacidos. Todos pensaban que aquella aventura duraría meses o en todo caso uno o dos años, como mucho, pero movilizar a todo un pueblo por el desierto no era fácil.

EL PUEBLO ELEGIDO
El Consejo de los Veinticuatro Ancianos se estaba reuniendo. De todos los rincones de la Galaxia acudían seres inteligentes, comprometidos con el plan de la Humanidad terrestre. Hacía varios miles de años que los implantes neuronales en el primate humano estaban dando los resultados apetecidos. Por otra parte, las mejoras genéticas de los distintos rincones de nuestro Universo local, habían propiciado un rápido ascenso evolutivo desde la desaparición de la Atlántida. Pero el último aporte de la raza amarilla, por parte de los seres de Proción, además de mejorar la inteligencia del antiguo poblador terrestre, habría subido la inteligencia y mejorado el sistema inmune, pero sin desearlo se había activado igualmente la superproducción de adrenalina. Este extremo producía una cierta agresividad en la raza y las previsiones de una constante belicosidad entre los humanos. Los Ancianos de la Galaxia, los que en definitiva seguían el plan de la inseminación genética de todos los planetas de este rincón del Cosmos, habían convocado a todos los espíritus comprometidos en este plan.
Fueron sobre todo los biólogos los que tomaron la palabra, aconsejando reajustes futuros, mediante activación de las glándulas superiores. Pero no todos se ponían de acuerdo. Algunos pensaban que el proceso debía ser más psíquico y no tan biológico. Otros aconsejaban la implantación de nuevas colonias de otras galaxias, con el fin de mezclar convenientemente diversos factores complementarios.
La reunión se prolongaba y no había acuerdo. Era habitual llegar a estas situaciones en las frecuentes reuniones que antes y ahora se siguen en el Cosmos. Determinaron por tanto esperar. Pidieron consejo al gran Maestro de Saturno Luiin, sobre la hora o la fecha propicia para seguir los debates y éste, sacando una pequeña máquina de posiciones planetarias, aconsejó seguir con la reunión, a pesar del cansancio, dado que en  cuatro horas de nuestro tiempo, se  iba a producir  una alineación muy propicia
para recibir luz de las Esferas Superiores.
Efectivamente a las cuatro horas, todos los presentes, sintieron con sutileza una mayor aceleración psíquica en sus organismos. Ahora no había prisa, se trataba de encontrar una solución guiada por la luz del espíritu.
Tal y como lo habían hecho en el pasado decidieron activar el factor "RH a partir de una manipulación genética de una mujer egipcia. Además, se contaba con la próxima encarnación del Gran Asthar Sheran (en la religión católica, el Arcángel San Miguel), que requería de unas condiciones precisas para llevar adelante sin violencia, el próximo plan sobre el Monoteísmo en el planeta Tierra.
Es así, que la princesa Tiy fue la designada, para tal plan, de cuyo vientre naciera Akenaton, que por el efecto de esta manipulación, habría sacado el cuerpo algo deforme, y por ende, un carácter exento de violencia y más predispuesto a la religiosidad, el arte y la espiritualidad, pues sobre él cabalgaba el espíritu de Asthar Sheran y de Thotek (Dios Thot).
Antes y después de esta reunión, eran conocidas las inseminaciones genéticas, sobre las vírgenes de nuestro planeta. De hecho este conocimiento ancestral fue inspirado por los Maestros del Cielo a los Iniciados egipcios. Fueron estos a su vez los que escribieron el Génesis, que Moisés, después, entregara al pueblo hebreo como uno de los elementos fundamentales de su doctrina. En dicho libro aparece claramente una sentencia: "Los hijos de los Dioses se juntaron con las hijas de los hombres y las fecundaron…dando origen a los Gigantes".
Se estableció también que desde el planeta Hoova se transportaran genes con DNA mejorados genéticamente y se implantaran en Abraham, y sobre todo en su nieto Jacob. Fue este último el que fue inseminado con los valores de los doce planetas de nuestro Sistema, de ahí que fueran doce los hijos que tuviera. Como después se sabe por el relato histórico, José, fue vendido por sus hermanos y alcanzó prosperidad en Egipto; pero con José y sus hermanos se llevó a Egipto los valores genéticos inseminados en su padre, para mezclarse con los valores del  RH- de la Reina Tiy.
Después de cientos de años. Los hebreos que salieron de Egipto, ya no eran solo sangre de Abraham, sino sangre de éste y de Akenaton; o lo que es lo mismo decir, sangre mejorada y tratada por uno y otro rincón de la galaxia. Por esto se le llamó el “pueblo elegido”, porque en su seno se daban las condiciones más idóneas para producir una aceleración psíquica de la raza y por tanto para un ensayo sociológico como nunca antes de había intentado. ¿Se podría decir, por tanto que el ser humano es una granja sujeta a inseminación y mestizaje? Pues nos guste o no, efectivamente somos el resultado de varias manipulaciones genéticas de los Dioses. Que hace tres mil años, se dio y aún hoy en día sigue su curso.

El pueblo elegido tomó el camino del desierto de Madián. Estaban llegando al mar Rojo. La policía estaba pisándole los talones. ¿Se abortaría la misión? La caravana no sabía que les perseguían. Solo Maser, Aarón, Josué, y un pequeño grupo dirigente sabían lo que trasportaba aquel carro. Josué por su parte había formado una guardia alrededor del mismo y a nadie le estaba permitido acercarse.

EL PASO DEL MAR
Fue al salir de Menfis, cuando el pueblo comenzó a divisar una extraña nube que en todo momento les acompañaba. Era una nube de color metálico, por la noche irradiaba luz, subía y bajaba a voluntad. A veces metía un ruido tremendo como si fueran truenos. Si la nube paraba, ellos paraban, si la nube se ponía en marcha, ellos se ponían en marcha. Solo Maser sabía que aquella nube no era sino una nave, donde viajaban los hermanos superiores, o mal llamados Dioses.

La caravana se dirigía al norte, hacia el “mar de juncos” es decir, al Norte del Mar Rojo, donde el mar dejada de ser tal para convertirse en lagunas, cañaverales y ciénagas. El paso hacia la península del Sinaí por este lado de la frontera egipcia era un poco tortuosa, puesto que había zonas donde el agua alcanzaba medio metro, para luego pasar a formar lagunas de dos o tres metros de profundidad, mezclado con cañas y un enjambre millonario de mosquitos de todas las especies.
Los hebreos caminaban despacio, ajenos al peligro que se les venía encima. Los hombres que Josué había dejado en la retaguardia vieron desde una de las montañas como los soldados del faraón levantaban una enorme nube de polvo. Y además la calima del desierto transportaba toneladas de polvo en suspensión, además de una temperatura infernal. El viento comenzó a levantar cortinas impenetrables de polvo. Josué, avisado por sus hombres se apresuró a avisar a Moisés.
- Maser; hemos visto soldados del faraón que vienen hacia nosotros. Por la marcha que llevan, no creo que vengan a saludarnos precisamente.
Maser sabía el por qué de dicha persecución y ordenó avivar la marcha. La tormenta favorecía la dispersión de unos y otros.

Lo que luego vi fue absolutamente fantástico y aunque me resisto a escribirlo, debo ser fiel a cuanto visualicé, a costa de ser tildado de loco. Pero antes de narrarlo, debo hablar del poder del verbo. Efectivamente como se cita en el evangelio de Juan, por el “Verbo” fueron hechas todas las cosas. Esta afirmación solo tiene sentido para los que han investigado el fenómeno parapsicológico de la psicocinesis; es decir, la capacidad que tiene la mente de mover o alterar la materia. En esta misma medida existen mantrams que verbalizándolos en cadencias precisas alteran y modifican la estructura física de los elementos. Este conocimiento era conocido y practicado en sesiones secretas por los Hijos del Sol. Maser y Josué, conocían y practicaban estos mantrams. Por medio de estos cantos cadenciosos los elementales de la naturaleza, los gnomos, y las fuerzas primordiales que programan y actúan sobre el elemento material se ponen al servicio del iniciado y actúan en forma visible y contundente.
Josué una vez que pasara a la tierra prometida y después de que Maser concluyera su misión, cercó la muralla de Jericó y mediante el canto de mantrams y el sonido de las trompetas las piedras se hicieron añicos cayendo estrepitosamente ante el asombro de sus moradores. Así lo recoge el libro sagrado:

Mas Jehová dijo a Josué: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra.  Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días. Y siete sacerdotes llevarán siete bocinas de cuernos de carnero delante del arca; y al séptimo día daréis siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las bocinas.  Y cuando toquen prolongadamente el cuerno de carnero, así que oigáis el sonido de la bocina, todo el pueblo gritará a gran voz, y el muro de la ciudad caerá……..

Incluso cientos de años después Maria de Magdala y Jesús el Cristo cantando mantrams parecidos consiguieron solidificar el agua del Tiberíades por donde caminó Jesús, ante el asombro de sus discípulos.

He tenido que hacer este inciso para adentrarnos con cierto fundamento en la visión que contemplé:
Maser se puso a la cabeza del pueblo y se adentró en los cañaverales. Aarón le seguía a continuación. Josué a su vez,  ordenó a sus hombres que formaran filas continuadas de todo el pueblo, animales, y carros. Luego Maser comenzó a cantar en pequeños susurros que iban creciendo hasta hacerse audibles por todos los que le seguían. Repetía constantemente las mismas sílabas, que en cadencias monótonas y repetitivas,  fueron cantadas por el pueblo que venía detrás. Al poco tiempo el sonido se hizo como el rugir de una tormenta. En mi visión comencé a sentir la fuerza del verbo en mi cuerpo astral y las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos fantasmales. ¿Cómo podía tener la palabra tanto poder? Pero el verdadero milagro fue comprobar cómo el terreno se abría seco y sólido ante los hijos de Israel. El agua desaparecía como tragada por la tierra y el pueblo como trasportado por un vals sonoro fue dejando atrás el cañaveral para adentrarse en la península del Sinaí.
Esto es cuanto vi y a costa de mi cordura os lo cuento. Ciertos  sonido en la boca del iniciado pueden ser el bálsamo que cierre una llaga o el dardo más mortífero del mundo. Es por esto que los Hijos del Sol emplean la voz para modificar el mundo y el silencio para modificar su conducta.

Los policías que seguían a los hebreos tuvieron que parar pues adentrarse en el mar de juncos era muy peligroso. Retornaron resignados y extrañados de que unos andrajosos hubieran burlado al mejor servicio de policía de la época.

La nube metálica guiaba al pueblo día y noche. Solo Maser sabía que en su interior viajaban los señores del cielo.

PROTOCOLOS DE LOS HIJOS DEL SOL
El calor abrasador del día y el terrible frío nocturno del desierto no desalentaron al pueblo hebreo. La nube metálica que le precedía, les había guiado a los oasis, les había avisado de las manadas de animales, de los que se podían alimentar. Incluso les había dado el maná. El maná era una concentración de sabia y de semillas vegetales germinadas de gran poder energético. Este alimento es el propio de los señores del cielo, y en su momento se lo habían dado al pueblo para preservarles de la hambruna del desierto.
Maser había mandado construir una tienda desmontable donde se entrevistaba con Yavé. Nadie podía entrar en la tienda puesto que le podría costar la muerte. Ocurría a menudo que de la nube metálica bajaba un rayo de luz a la tienda y todo se iluminaba. Maser hablaba con Yavé cara a cara. Al salir de la tienda su rostro estaba iluminado, sus ropas irradiaban luz y todos podían ver el poder de Yavé. Maser no envejecía.
Dentro de la tienda había una puerta luminosa por donde descendían los hermanos superiores o subía el propio Maser. Este fenómeno se ha llamado por la ciencia ficción, Star Gate. En realidad se trata de un xendra o canepla de grandes dimensiones que a modo de ventana comunica el cielo y la tierra. Podría llamarse también una puerta interdimensional.

Según pasaban los meses Maser se adaptaba mejor al sincronizador o implante electromagnético que le había sido impuesto en el Sinaí. Ahora podía ver en todo momento con el ojo del espíritu. Ahora tenía desarrollada la clariaudencia, por tanto escuchaba en su cerebro el sonido de las esferas, la voz del gnomo, el diálogo de la lluvia y la voz de los hermanos superiores. Maser podía ver a los seres que habían ya fallecido. Era por tanto un dotado de clarividencia. Vivía entre dos realidades.

Aarón y Josué por el contrario se ocupaban de la realidad del día a día. Aquel pueblo era duro y terco y muy difícil de gobernar. Maser no se hacía comprender por los hebreos y debía utilizar a sus dos hermanos para plasmar en la realidad cotidiana, las recomendaciones de la Ley y lo que los seres superiores le dictaban.
El pueblo se estaba volviendo ingobernable y además de no entender, comenzaban a darse robos, insubordinaciones y adulterios. Era necesario poner una norma o Ley a la que se sometieran todos. Eran doce los linajes y las tribus del pueblo hebreo y cada uno observaba su propia norma y criterio. Josué tenía cada día más conflictos y terminaba por emplear el látigo y el garrote, con gran pesar suyo.
Aarón no se hacía respetar. Cada día Maser debía ocuparse de administrar justicia y de poner cada cosa en su sitio. Los tres hermanos y sus más allegados estaban agotados. Debían tomar medidas o el proyecto del pueblo elegido se venía abajo.

Al cabo de seis meses llegaron a Madián. Jetró salió a recibirlos con los brazos abiertos y las lágrimas en sus mejillas. Séfora y los hijos de Maser salieron corriendo abrazándose al profeta. De nuevo la familia estaba junta y al pié de la montaña de Yavé.
Enseguida se constituyó el consejo de los Hijos del Sol. Jetró al ser el único hermano vivo del tiempo de Akenaton era respetado por todos y presidía la asamblea. Maser estaba a su lado derecho y Josué al otro lado. Aarón como representante del pueblo hebreo también estaba en un lugar destacado. Luego estaban cada uno de los doce jefes de cada tribu y los doce capitanes al mando de Josué. Y aunque los hebreos no lo veían con buena cara, Séfora estaba en igual medida destacada sobre todos ellos. Los hijos de Israel no tenían en gran estima a la mujer y menos que presidiera una junta tan importante, pero Jetró, que conocía el ceremonial por el que el espíritu andrógino se revelaba con la presencia del Avatar y de su lado femenino; había dispuesto que así fuera. Y así lo había aprendido de las sesiones en que Akenaton y Nefertiti presidían las juntas de los Hijos del Sol.
La asamblea se reunió por espacio de un mes entero. En ella se dictaron las normas de convivencia y los turnos de servicio. Se nombraron los jueces y los sacerdotes. Pero faltaba la Ley.

Maser no quería que se nombraran sacerdotes, pues su padre había luchado contra la casta sacerdotal y le había costado caro. El sabía que los sacerdotes terminan por imponer criterios y normas que en vez de acercar al hombre a Dios le alejan y le confunden. Todas las castas sacerdotales desde el principio de los tiempos habían hecho lo mismo y terminaban por ser la semilla del mal entre unos y otros. Pero Aarón y los hebreos no podían entender a un Dios que se revela en el corazón de los hombres. Eran seres que habían sido gobernados toda su vida y difícilmente podían entender de otro modo a Dios, si no era a través de una autoridad, de un intermediario o de alguien que interpretara el extraño lenguaje de la deidad.
Maser tomo los protocolos de la Fraternidad Solar y los leyó en la asamblea:

CONTINUARA...
 http://concienciaplanetaria.es/
 http://www.helioesfera.es/
Tomado:http://lasendahacialaluz.blogspot.com.es/
http://senderodeloslibrosnuevaera.blogspot.com.es/

No hay comentarios:

Publicar un comentario