jueves, 28 de julio de 2016

Un viaje sin retorno: CAPITULO 13.- TODO COMIENZA


Raquel llegó a casa. Eran casi las dos de la tarde. No había nadie. Encendió las luces. Se extrañó  que no estuvieran sus amigos. Miró la mesa y no había preparado nada. Pero en la cocina vio que la comida estaba a punto. Sopa de pescado y unos cocidos con patatas. Encendió el fuego como pudo, pues no dominaba todavía la cocina de leña,  y comenzó a poner la mesa para cuatro.
No habrían pasado ni quince minutos, que los tres aparecieron exhaustos por la puerta del huerto.

-¡He ganado yo…he ganado yo…Raquel…he ganado yo…! Exclamó Tico
-¡Claro, con trampas ya se puede!
-¡Que no…que no he hecho trampa, Felipe!
-¿Qué no…? ¿Y quien me ha puesto la zancadilla cuando estaba a punto de entrar por la puerta de la cocina…eh?
-¡Que no he sido yo, jolín…ha sido esa piedra que está aquí…al lado de los pollos!
-¡Bueno…bueno…dejémoslo!
-¿Qué tal, atletas…cómo os dado por hacer ahora carreritas?
-Tico al final no ha podido ir a la escuela a la mañana…y hemos estado jugando con él.
-¿Y al final…quien ha ganado la carrera? ¡Que no me entero!
-¡Yo, Raquel…he sido yo!
-¿Tú…campeón…?
-¡Si…! Pero si Felipe no hubiese tropezado en la piedra, habría ganado él…iba el primero…
-¡Cambiaros de ropa enseguida…estáis empapados de sudor…y ya es hora de comer!
-¿Te habrás acordado de traerme las dos mochilas, verdad, Raquel?
-Si, hombre…las he dejado en mi habitación.
-Es que en ellas tengo lo poco que me he traído…
-No te preocupes, hermano…que tú y yo tenemos la misma complexión física. Podemos compartir ropa.
-¡Venga, pues, cambiaros de ropa…y a la mesa a comer…que Tico tendrá que volver al cole, al menos esta tarde…!
-Raquel, que coma primero Tico y lo llevamos a la escuela. Luego, a la vuelta, comemos nosotros. Todavía no tenemos hambre, sino mucha sed.

-Tico, ve pues a cambiarte, ale…
-Si ya está… mira…la camisa de esta mañana, ya esta seca…ayúdame a abrochar los botones, que no puedo…
-Ven trastillo…ven aquí…

Tico comió muy poco. Estaba algo nervioso, sobre todo por aquel extraño que había irrumpido en sus vidas. Era toda una novedad, y el muchacho no le quitaba los ojos en encima a Felipe. Y el hecho de tener que ir al colegio, no le hacía mucha gracia. Pero cualquiera contrariaba a Raquel…era más cascarrabias que la abuela.
Llevaron a Tico a la escuela…y de vuelta a casa…

-¿Seguís sin tener hambre?
-¡No parece...! ¿Y tú, Felipe?
-Prefiero esperar un poco más. Toma tu algo, Raquel, si tienes hambre.
-Me voy a tomar un café. Necesito entonarme un poquito.
-Raquel…
-Sí, Jesús…
-¿Te gusta mucho el café, verdad?
-Bueno…gustarme lo que se dice gustarme…lo justo, pero me pone a tono.
-Pues es una de los hábitos que es necesario que cambies.
-¿Y eso…tan malo es el café?
-Ya hablaremos luego de eso. Ahora tómatelo a gusto y tranquila.
-Ah… luego os cuento mi encuentro con los chicos, pero me han dado un recado urgente para ti, Felipe. ¡Que dispongas del fondo común que teníamos! Que tú ya sabes…que anoche estuvisteis barajando muchas posibilidades, y que están de acuerdo. Que Marga tenía razón. Tú dirás, Felipe, de qué hablasteis…

Felipe se echó mano al bolsillo del pantalón, y sacó un sobre que se lo entregó en mano a Jesús.

-¿Qué es esto, Felipe…? ¡Es un talón…y con mucho dinero!
-Sí, anoche estuvimos hablando los chicos y yo…sabíamos que Raquel se iba a quedar aquí. Marga, como tu bien sabes, creyó en ti…aunque como está enamorada de Juancho y le ama…se va con él.
Verás…hubo un momento en el que todos nosotros, al montar la asociación para la divulgación de nuestros temas, tuvimos que poner nuestros ahorros en una cuenta de la sociedad. Yo les propuse que todo el dinero podríamos invertirlo aquí, sobre todo quedándose Raquel. La situación económica en esta zona es muy precaria, y además, las consecuencias de esta guerra son muy devastadoras. Ibas a necesitar ayuda económica también. Desgraciadamente, sin dinero, hoy por hoy, no puede hacerse nada. Todos estábamos de acuerdo con el Plan. Es bueno, y merece la pena sacarlo adelante.
-¡Pero Felipe…aquí no vamos a necesitar dinero!
-¿Cómo que no, Jesús? Hay que vivir, no lo olvides. Nosotros trabajaremos en el hospital, pero ya sabemos que no podemos ser retribuidos por ello, porque no hay dinero. No hay nada.
-Por eso mismo, Felipe. Estamos rodeados de miseria, de necesidades, de  gente que muere todos los días, ¿de qué nos serviría el dinero? El dinero, ahora, no tiene ningún valor, y menos todavía para la vida que vamos a comenzar.
-Supongo Jesús que estarás a punto de ponernos al corriente de todo…
-Sí, hermanos. Ha llegado el momento de empezar. No hay demasiado tiempo para relajarnos.
-Jesús…los que se han ido necesitan algo más de tiempo, pero te aseguro que van a volver. Estoy seguro de ello. ¿No sería mejor esperarles y empezar todos juntos?
-¿Felipe…cuando va a ser eso?
-No lo se, Jesús…pero vendrán.
-Y yo lo deseo con toda mi alma, y cuando lo hagan, seré enormemente feliz, pero mientras tanto, no podemos estar parados. Tenemos que empezar ya.
-¿Y qué planes tienes?
-Comenzar primero con nosotros.
-¿Y en qué va a consistir?
-Limpieza del cuerpo, ayuno, meditación, autocontrol, potenciación de energías…En resumen, preparar nuestro físico, espíritu y campo vibracional y energético.
-Hermano, intuyo que va a ser un trabajo muy duro.
-Sí, Felipe. Va  a ser un trabajo fuerte y con mucha dificultad. Por ello, he pensado, que si nos quedamos aquí, no lo podremos llevar a cabo en buenas condiciones.
-¿Y entonces?
-Había pensado en que nos marcháramos durante un mes como mínimo fuera de aquí, a un lugar muy apartado. ¿Qué os parece a vosotros?
-Jesús, nosotros estamos verdes en esto. No sabríamos ni por donde empezar. Tú eres el único que sabes por dónde hay que ir y qué hay que hacer. ¡Decide tú…por ahora…!
-Raquel tiene razón, Jesús. Ahora eres tu el “maestro” jajaja…y nosotros tus más obedientes discípulos…
Y Jesús se echó a reír a carcajadas.

-¿Por qué te ríes, Jesús?
-Es por lo que acaba de decir Felipe. Me trae viejos recuerdos…y muy gratos también.
-¿Y ese sitio donde vamos a ir…dónde está?
-Tú ya conoces dónde está nuestro refugio…pues diez metros hacia arriba, y en pendiente, hay otro más pequeñito. Allí pasaremos unos días. Aquella será la escuela, en plena naturaleza, donde estaremos apartados de todo esto, y muy cerquita del cielo. Para esta preparación, es muy importante el aislamiento.
-Creo que tenemos un pequeño problema, Jesús…Tico. Su abuela sigue enferma, y te lo dejó a ti en custodia… ¿qué hacemos con él? Porque no creo que pretendas que lo subamos con nosotros…
- No hay ningún problema, Raquel. A Daniel no le importará quedárselo mientras nosotros estamos fuera. Tiene otros dos niños de la edad de Tico, y son muy amiguitos, y se lo pasarán bien.
-¿Qué se quede aquí en el pueblo?
-Sí… ¿Por qué no?
-Jesús…nos estamos olvidando que hay sobre esta zona una amenaza…, más que amenaza, de bombardeo por parte de los americanos…¿sabes lo que eso significaría?
-Dime, Felipe… ¿Qué sugieres que hagamos?
-Pues avisar a Daniel para que no se muevan de casa. Que no bajen para nada al pueblo.
-Y si se lo decimos a Daniel, tendríamos que alertar a toda la población, a toda la ciudad. No lo sabemos seguro, Felipe. También nosotros estaremos expuestos a las bombas, y no por ello nos vamos a quedar aquí, escondidos, esperando ese momento. Felipe…si estamos aquí es para salvar, intentar recuperar al hombre, no a los hombres. Esto es duro, ya lo sé, pero es así. Siempre que no nos aparte de nuestro trabajo, tenemos la obligación por nuestra condición, de ayudar. Pero en orden de prioridades, Felipe…esto que vamos a comenzar es lo primero. Y vosotros lo sabéis, por eso estáis aquí.
-¿Pero no se pueden hacer las dos cosas a la vez? Podemos hacer nuestro trabajo sin dejar de pensar en los demás y preocuparnos por ellos.
-Dime, Raquel… ¿serías capaz de estar concentrada en un ejercicio de los que vamos a hacer, si a la vez estás pensando en que una bomba va a caer en la escuela, en casa de Daniel, en el hospital, a nosotros mismos…? Dime… ¿serías capaz de concentrarte en un ejercicio de manipulación de energías, por dar un ejemplo?
-No, no podría hacerlo. ¿Pero no es más importante el ser humano que todas esas técnicas?
-Raquel, si nuestra preparación no es hecha a conciencia, puede que consiguiéramos salvar a un número determinado de hermanos, pero el resto se perdería. ¿Y no eso lo que queremos, verdad?
-¡No, claro que no! Pero es triste tener que dejar los sentimientos a un lado. Es inhumano.
-No, Raquel…No hay que dejarlos aparcados…Somos seres humanos y los sentimientos forman parte de nosotros mismos, y tenemos que potenciarlos más…mucho más todavía…
-Pues no te entiendo. Creo que lo que nos estás diciendo ahora es todo lo contrario. Antepones una preparación personal a las vidas de unos seres humanos.
-Raquel, ahora tus sentimientos son muy limitados. Amas, quieres e intentas proteger a un número determinado de seres humanos. Es el límite humano, la condición humana. Pero tienes que sobrepasarlo. Tienes que potenciar esos sentimientos, expandirlos, hacerlos universales. Tienes que ser capaz de amar con esta intensidad, como lo haces con Felipe y conmigo, a todo ser humano de este planeta. Que tu preocupación sea más por el Hombre, no por los hombres. Solo así la luz crística vendrá a ti. Es una condición a conseguir, por la que tendremos que luchar como leones contra nosotros mismos, es la única que puede salvarnos, pero la más difícil, la más dura. Y esta preparación es muy importante. Os ayudará, nos ayudará a los tres en este trabajo personal.
-Tú hablas así, Jesús, porque tienes más experiencia. Estás acostumbrado. El hecho de haber vuelto otra vez lo confirma. Tú amas al hombre, y harás todo lo que esté en tu mano para recuperarlo. Tú ya tienes un buen tramo del camino andado.
-¿Tu crees, Raquel? No olvides que mi condición de hombre, me iguala a vosotros. Yo tengo mis debilidades humanas, y tengo que trabajarme lo mismo que vosotros. Este cuerpo que tengo ahora está impuro, como el vuestro. El que yo tenga el conocimiento, no significa nada. Vosotros también lo poseéis, pero lo ignoráis por el momento. Yo se cómo comenzar a andar, pero todavía no he andado. Tu debilidad, Raquel, son los sentimientos y las emociones, se te apoderan, pero el día que consigas universalizar todo tu amor, serás grande, invencible… Mi debilidad…aunque me veas tan seguro de mí mismo, son también los sentimientos. Yo también amo, Raquel, y siento dolor cuando veo a mis hermanos sufrir, pero debemos reaccionar. ¿Sabes quien es el más fuerte de los tres?
-Me imagino que tendrías que ser tú, Jesús…
-Pues te equivocas… ¡Eres tú, Felipe, el más fuerte!
-¿Yo…?
-Si. Tú como hombre eres más fuerte que yo, ¡te lo aseguro! Pero tu debilidad es que lo eres demasiado. Tu corazón tiene que volverse más razonable, más comprensivo, más tierno, más humano hacia el hombre…pero sobre todo hacia ti mismo. Todos nosotros tenemos debilidades. Lo importante es conocernos mutuamente, ayudarnos los unos a los otros a superar estas deficiencias, a apoyarnos en todo momento. Esto es a lo que yo llamo compenetración. De todo esto os hablaré en otro sitio. Este no es el lugar más adecuado. ¿Qué os parece si salimos mañana, cuando rompa el sol? Llegaríamos al atardecer…
-¿Todo un día subiendo una montaña?
-¡Si, Raquel de mi alma!
-¡Claro…como tú, Felipe, estás acostumbrado…! Pero yo, la única pendiente que he subido en mi vida ha sido hasta el refugio, y tampoco pude llegar por mi propio pie. ¡Me va a dar un ataque!
-¡No te preocupes, Raquel…aquí tienes a dos hombres bien puestos que si es necesario…te llevarán en brazos!
-¡Ni lo sueñes, Jesús…a mí no me metas! ¿No quieren las mujeres igualdad con los hombres? ¡Pues que lo demuestre! Además…le vendrá muy bien. Siempre le han gustado las iniciaciones raras…Pues… ¡Toma iniciación!
-Esto es más que una iniciación…se va pareciendo a un vía crucis.
-¡Animo, Raquel!, tu eres fuerte y se que nos vas a dar a los dos una buena lección.
-¡No lo dudes, Jesús, que así será! Pero estoy empezando a arrepentirme de haberme quedado aquí.
-¿Qué…?
-Me he pasado casi toda una vida luchando con Felipe. Luego vienes tú y me vuelves del revés, y para postre…tengo que iniciar una nueva vida con los dos ejemplares juntos…¡¡Dios mío!! Empiezo a pensar que el verdadero problema no va a ser el plan…sino el aguantaros a los dos.
-Que conste…Raquelita…que estabas del revés…y yo te volví de cara…bueno, en ello estoy…
-¡Pues ya no tienes más aviones!
-¡Sería capaz de irme volando, Felipe!
-¡Pues mira, Raquel…aquí tienes una hermosa escoba, grande, fuerte y muy compacta, de buen género!
-¡Mierda, hombre…no me hacéis ni puñetero caso! Jesús…te está contagiando Felipe…empiezas a ser tan grosero como él.

Jesús, cogiendo a Raquel por la espalda, la rodeó con su brazo y le dio un cariñoso achuchón.

-¡Que era todo broma, mujer! No seas tan quisquillosa…En el fondo te encanta que te tratemos así. Te damos pié a que te expreses tal y como eres…
-¿Y cómo soy?
-Un poco gruñona. Pero me encanta cuando te pones así… ¡estás muy guapa!
-Está visto que contigo, Jesús, nunca podré enfadarme.
-Ya lo harás, ya… No te quepa la menor duda. Voy a ser muy duro con vosotros, lo mismo que conmigo mismo.
-¿Ya nos estás metiendo miedo, hermano?
-No, Felipe, claro que no…y menos a ti…jajaja.  Solo quiero deciros, que si alguna vez veis en mis palabras dureza, y en mi disciplina…casi una tortura…me perdonéis. Va a ser muy duro, hermanos, para los tres. Y todas las exigencias que me voy a pedir a mí mismo, las pediré a vosotros también. Tengo que prepararos a conciencia. Cuando hayamos terminado con esta preparación, los tres estaremos ya dispuestos a comenzar al unísono. Ya no habrá maestro ni discípulo. Pero mientras tanto…Felipe, Raquel…tendré que hacer un poco de profesor hueso. ¡Prometedme que no me vais a odiar!
-¡Te vas a sorprender con nosotros, Jesús! ¿Verdad Raquel?
-Tú, Jesús, no nos conoces en lo que a trabajo de equipo se refiere…¡No se quien va a odiar a quien!
-¡Así me gusta, muchachos!
-Bueno…y ahora, volviendo al tema de Tico… ¿qué hacemos? Habrá que hablar con él y con Daniel…
-Sí, con Daniel hablaré ahora, cuando baje de su terreno. Y con Tico luego. Iré a buscarle a la escuela y le comentaré. Mientras… ¿Qué os parece si vosotros vais preparando la marcha?
-Habrá que llevar algo de alimento y ropa para ir por allí, ¿no?
-No, Raquel…mira…solo hay que subir con ropa y calzado adecuado para el ascenso. Para ir por allí, tienes unas prendas en ese baúl, al lado del armario…y de alimento…nada.
-¿Nada…?
-¡Nada!
-Como no quiero comenzar a preocuparme… ¡no sigo preguntando! ¡Se hará como tú digas! ¿Y qué prendas son las que hay aquí?
-Abre el baúl y lo verás…

Cuando Raquel abrió aquella caja de anticuario, vio con sorpresa que se trataba tan solo de unas camisolas, largas, de lino blanco…y horror…ya no había más prendas.

-¿Esto es todo, Jesús?
-Sí… ¿tienes alguna duda más?
-¡Ayyyy muchas, muchas, muchas…pero prefiero no averiguar nada más!
-¿Que…ya habéis hecho hambre?
-Pues ahora que lo dices, Jesús…me está entrando un hambre de muerte. Se ha debido de asustar el estómago con lo que ha oído…jajaja.
-¿Y tu  Raquel?
-No, pero habrá que comer algo…hay que darle un poco de gusto al estómago, porque el pobre…va a pasar también por la misma iniciación… ¡sospecho…!
-¡Pues vamos a comer!
-Jesús… ¿no has olvidado poner en la mesa algo?
-¿Y qué es lo que falta, Raquel?
-El pan y el vino.
-El pan es de ayer, y está ya muy duro. Y el poco vino que quedó de la cena…está ya un poco picado.
-¿Y eso tiene alguna importancia?
-Depende para qué
-Me apetece mucho compartir contigo este momento…
-¿Y a ti, Felipe…te apetece comer del pan y beber del vino?
-Me imagino, Jesús, que tanto el pan como el vino nos los vas a dar tú…o ¿simplemente hay que cogerlos de la despensa?

Felipe sabía perfectamente a qué se refería Jesús, pero con su pregunta le estaba obligando a que se definiera un poco más. A Felipe no le gustaban las medias tintas. Era de los que llamaban al pan “pan” y al vino, “vino”. Jesús le cogió al vuelo la intención, y le agradó profundamente. El también quería expresarse como verdaderamente sentía. Y aquel momento con sus amigos, quería celebrarlo. Aquella cena de hace dos mil años, fue sencillamente un acto emotivo, sentimental, de compartir algo con las personas amadas, pero la historia le había dado un significado bien diferente. Aquel acto para Jesús significaba un compartirlo todo, y sus amigos anhelaban ese momento. Por fin ellos habían entendido lo que era compartir el pan y el vino.

-Felipe…yo os daré el pan y el vino… ¿Quieres compartirlo conmigo?
-Por quedarme aquí, casi salto de un avión en pleno vuelo… y  no lo he hecho solo para comer un plato de sopa y unos huevos cocidos.
-Felipe…te advierto que el pan esta duro y el vino agrio…
-Mientras tu no te nos avinagres y te nos rancees… ¡no me importa!
-¡Vaya tres…pero que poca seriedad tenemos…Padre…!

Y dicho esto, Jesús se echó a reír. Era cierto. Por muy serio que era todo, los tres amigos tenían un gran sentido del humor, mejor dicho, de la felicidad, de la alegría. En el fondo, no necesitaban de aquel acto. Se compartían entre ellos, se amaban…aquello si que era una verdadera eucaristía, la que siempre había añorado Jesús.
Dejaron el vino en la fregadera, y el pan lo llevaron a las gallinas, que lo comieron como el más preciado manjar.

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