martes, 2 de agosto de 2016

Un viaje sin retorno: CAPITULO 23.- LA VISITA DE UN VIEJO AMIGO


Había pasado ya una semana desde el incidente con el lobo blanco. Raquel, aunque seguía con las curas de su espalda, estaba casi recuperada. Jesús, después de una mejoría de veinticuatro horas, volvió a empeorar. No estaba demasiado fuerte físicamente, y aquellos antibióticos le habían dejado más flojo todavía. Pero la fiebre y la infección le habían desaparecido. Todavía estaba en cama. Raquel no le dejaba poner los pies en el suelo, pero la colcha estaba llena de papeles y de anotaciones. Todavía quedaban algunos temas pendientes con Felipe y le estaba preparando un buen lote de información. Raquel estaba en la cocina. Un aldeano, antiguo profesor de costumbres e historia judías, le había sustituido unos días en la escuela.


Acababa de preparar la infusión de media mañana y se disponía llevárselo a Jesús, cuando de repente, sentado en la única silla de la cocina, apareció aquel hombre. Se trataba del amigo de Daniel, al que conoció en la fiesta de Sacha.


-Buenos días, querida …

-¡Hola!

-¿Sabes quien soy?

-El amigo de Daniel. ¿Qué se le ofrece?

-El otro día fuiste algo descortés conmigo. No me resultó nada agradable el que me llamaras “imbécil presumido”.

-¡Pues lo siento mucho! Si no tuviera la fea costumbre de meterse en el pensamiento de los demás, no se encontraría con desagradables sorpresas.

-¡Tengo la impresión de que me conoces!

-¡Sí…se quien eres!

-¿Y no me tienes miedo?

-¿Tendría que tenerlo?

-Estoy sediento. ¿No me ofreces a mí también una infusión? O quizás…sería mejor que fuéramos los dos con él a tomarlo al salón… ¿Qué te parece?

-¡Tu no te mueves de aquí! ¡A el déjale en paz!

-Sigo teniendo sed. ¿No me ofreces siquiera un vaso de agua?

-No tengo hielo, y el agua sale caliente del grifo. Puedo ofrecerle leche, naranjada…pero azufre no gasto.

-Humor ya veo que no te falta, querida amiga… ¡Y osadía…tampoco!

-¡Yo no soy tu amiga!

-Pues hubo un tiempo en que sí lo fuiste.

-¡Lo fui de Luzbel, no de una bestia como tu! Y porque quería conocer a mi hermano. No quería desterrarle de mi corazón sin conocer el suyo. Y lo pagué muy caro. Muchos no me lo perdonaron. Pero descubrí que ese hermano, que ha sido un padrastro para esta humanidad, se le había endurecido el corazón, y pensaba más en sí mismo que en sus hijos. Y guardé mi cariño por él en mi corazón, pero abandoné su recuerdo para siempre.

-¡Muy sentimental…! Ya veo que él te ha contagiado. Sigo teniendo sed…pero como no tienes azufre…por favor, dame un vaso de agua, aunque salga caliente del grifo.



Cuando Raquel abrió el grifo para llenar el vaso, no fue exactamente agua lo que salió, sino sangre. Comprendió enseguida que se trataba de una demostración de fuerza y de dominio, y no se inmutó.

-¡Ten…tu vaso de agua!

-¡Bebe tu primero…te veo sedienta!

-Sedienta si…pero no de sangre, como tú.  



Y Raquel le echó el contenido del vaso por encima. Pero él, ignorando el hecho, volvió a llenar el vaso y se lo ofreció de nuevo a Raquel.


-¡Bebe!

-¡Qué clase de padre ofrece a su hijo  beber sangre!

-¿Crees acaso que la sangre es despreciable? ¿Qué harías tú sin ella? Yo te ofrezco en este vaso vida. En cambio, tu amor…en su copa…te ofrece la muerte. ¡Yo te ofrezco vida, Raquel, sangre, como la que necesitó él para seguir viviendo!

-Si esa sangre que me ofreces saliera del corazón de Luzbel, del hermano al que quiero, también me la bebería hasta apurarla. Pero esta sangre está podrida, porque pertenece a una bestia inmunda que asfixia a mi hermano. Por él, por volverle a ver junto al Padre, sería capaz de cualquier cosa, pero a ese monstruo que ha usurpado su nombre…

-¿Qué…qué harías con ese monstruo? Dime…¿ha sido Jesús quien te ha contado todos esos cuentos?

-¡No! ¡Yo existo, Yo pienso, Yo siento, Yo se…Yo soy responsable de mis actos, Yo soy responsable de lo que digo!

-¡He de reconocer que eres una digna contrincante! Por favor…toma de este vino…¡es un regalo! Es solo vino…no te preocupes…y del mejor… Y Raquel bebió.

-Yo no soy tu contrincante. Tú si que eres el mío. Yo no he invadido tu terreno…tú sí el mío… ¿Por qué has venido aquí…si no has sido invitado?

-¡Te añoraba!

-¿A mí…?

-Sí…a ti… Me has amado siempre. Cuando eras pequeñita, con ese ardoroso afán de volverme a la Luz… ¡me hacías mucha gracia…y me caías muy bien! ¡Y luego de mujer…he sido el depositario de tu amor muchas veces…!

-¿Qué quieres decir?

-Sí…aquellos largos paseos por la playa…ese exquisito romanticismo…esa compenetración total de nuestros espíritus, mentes y cuerpos…



Y Raquel lanzó un desgarrado grito. En aquel momento, ese hombre había transformado su físico. Era una idéntica réplica de Jesús, incluso llevaba la herida en el cuello. Raquel estaba horrorizada. ¿A quien había entregado su amor…a Jesús…o a aquel monstruo? Se derrumbaba por momentos, pero su corazón le dio una voz de alarma y su mente se recicló.



-¡No te he entregado mi amor en ningún momento!

-¡Estás muy segura…Camaleón!

-¿Lo sabes todo sobre mí, verdad? ¡Claro, era de esperar…! Pero no…tú no has recibido mi amor sin que yo lo hubiese querido.

-¿Y por qué estas tan segura?

-¿No lo sabes tu todo…? Pues verás, si así hubiese sido, mi amor te habría quemado por dentro, y lo habrías escupido enseguida. Y en el caso de que así hubiese sucedido…que me hubieras engañado vil y cruelmente, nada cambiaría las cosas, porque ese amor era para El, no para ti, y tú…y ese tipo de energía sois incompatibles. Jesús dice que también tu estas hecho de Amor…pero te falta mucho para compararte a él. Vamos… ¡mucho es poco! ¡Tendrías que ser otro! En el fondo eres un pobre desgraciado.

-El que si lo es…un desgraciado, es ese Jesús al que tanto amas. Se ha colocado contra mí, y esta vez, una más…jajaja, le tengo en mis manos, y le voy a destruir…pero esta vez… ¡¡para siempre!! Has elegido mal, querida amiga. Te has puesto de lado del perdedor. Tu querido y amado Jesús, dentro de nada…pasará a formar parte de mí o del eterno vacío… ¡y todos los que estén con él!!

-¡¡Y yo no lo permitiré jamás!! ¿Me oyes?... ¡¡¡¡JAMÁS!!!



En aquel momento apareció por la puerta de la cocina Jesús. Había oído los gritos de Raquel. Y ambos hombres se miraron. Eran miradas serias, profundas, penetrantes. Raquel se hallaba en el medio, pero no se movió.



-¿Qué haces aquí, hermano?

-¿Me llamas hermano, Jesús…? ¡Qué honor!

-Te he hecho una pregunta, Luzbel. ¿A qué has venido aquí?

-He venido a ver a nuestra hermana Raquel. ¡La echaba de menos!

-¡A ellos déjales en paz…enfréntate a mí cara a cara!

-¡Ya no resultas tan peligroso, hermanito…ya casi no eres nada! Pero ellos si que son fuertes…ellos sí que me preocupan…Ya le he dicho a Raquel que echaba mucho de menos aquellos largos paseos por la playa y aquel amor tan apasionado que me entregaba… ¡es una hembra preciosa!

-¡Eres despreciable, Luzbel!

-Jesús…tranquilo…ha intentado confundirme, pero no lo ha conseguido. Ha sido un ataque digno de él, pero no le ha servido de nada.

-Siento que hayas elegido mal, Raquel, porque…dime…somos los dos iguales…idénticos. Tú estás enamorada del hombre…entonces… ¿por qué le eliges a él que es el perdedor? ¡Compáranos…! Yo soy fuerte, tengo poder, hago felices a mis amigos y soy un creador de vida. Y el… ¿te has fijado bien? A penas se tiene en pié. Parece un guiñapo despreciable, pero claro…estamos hablando de un guiñapo del amor…¡¡todos mis respetos!!

-Cuando ya no te quedan más recursos, empiezas con los insultos y con tu lenguaje mordaz. ¡Tu si que estás cayendo en lo más bajo! Dices que tú eres un creador de vida… ¡mentira! Eres el perfecto creador de muertos vivientes. En esa modalidad no hay nadie que te supere. ¡Tu mismo estás muerto, porque has asesinado al poco amor que te quedaba!

-¡Cállate, mujer!

-¡No me da la gana!

-¡Vete de aquí, Luzbel…tu elegiste tu camino y yo el mío! Cuando llegue mi hora aquí me tendrás, pero aléjate de ellos.

-¡¡Ellos me pertenecen!!

-¡¡Y una mierda…!! Exclamó Raquel mirándole fijamente a Luzbel a los ojos.

-¡No…ellos ya no, Luzbel, tampoco me pertenecen a mí…! Ellos son del Amor, ya no puedes nada contra ellos.

-¡Todavía son míos…Jesús…mi guerra acaba de comenzar!

-Luzbel… ¿qué te ha pasado, hermano? ¿Por qué ese rencor y esa venganza en tu Ser? Si he vuelto otra vez, también ha sido por ti, mi corazón todavía alberga la esperanza de recuperarte. Parte de ti es Amor…deja que él te ayude. Vuelve tu corazón y tu rostro hacia el Amor y ayúdame a rescatar a esta humanidad del pozo negro donde está.

-¿Es esto lo que el Amor hace de vosotros? ¡Os hace imbéciles, ingenuos y despreciables! Pero resultáis un tanto encantadores.

-¡Si…nosotros seremos todo eso…pero tú, Luzbel, eres un hipócrita cobarde!

-¡Pero tu, mujer…cómo te atreves a hablarme así!

-Porque me da la gana…y porque tengo todo el derecho. Y me atrevo porque es la verdad, y porque esta casa que has invadido, es mi casa. Eres un hipócrita porque dices cosas que ni tú mismo te las crees, y eres un cobarde porque nunca te enfrentas de cara. ¡Siempre lo haces por la espalda y a traición, y si hacen el trabajo sucio por ti, mejor! No te tengo miedo, Luzbel. Tu podrás destruir a Jesús, pero surgirán miles como él, y te aseguro que con todos no podrás. Somos demasiado parecidos a ti. Somos parte de ti, es cierto, por eso te conocemos tan bien. Pero ahora el hombre, tu obra, al que tanto has machacado, esclavizado y utilizado, se ha hecho fuerte, independiente. Algunos, dentro de nuestra independencia te seguimos amando y te hemos perdonado, pero otros, la mayoría, han perfeccionado a su padre, y son peores que tú, y ahora se vuelven contra ti. Son monstruos sin identidad y sin raíces, y sin corazón. Tú, buscando la perfección, has creado monstruos, y en vez de repararlo, te limitas a alimentarlos y a destruir a los que todavía te aman, porque no te temen.



Luzbel, lleno de indignación y de ira, movió sus brazos y tiró a Jesús contra la puerta. La herida se volvió a abrir, brotando abundante sangre. Y como llegó, se fue. Raquel fue hacia Jesús y le miró la herida. Estaba totalmente abierta.



-Vamos, Jesús, levántate. En el dispensario te curaré.

-¡Raquel…déjala…esta herida ya nunca se cerrará!

-¡De eso nada! ¡Te la voy a curar! ¡Vamos…arriba!

-Raquel…

-¡Dime…!



Pero no fue capaz de decirle todo lo que su corazón sentía. Abrazó fuertemente a su princesa y echó a llorar amargamente.



-Jesús… ¿pero por qué te sientes así…no hay motivo?

-¡Os amo, Raquel…os amo…! ¡Tengo miedo por vosotros!

-¡Por nosotros no…ni se te ocurra, Jesús! ¡Lo vamos a conseguir! ¡Tenemos al mejor aliado de nuestro lado!

-¡Es que me siento tan débil…!

-No te preocupes, mi amor, somos buenos bombeadores además de perfectos tiradores. Y yo tengo la solución para sacarte de este estado de ánimo.

-Sí…¿y cual es?

-Necesitas unos pocos mimos y un poco de alimento.

-Raquel…no…Ya no… El me ha tocado con su energía. Sería peligroso para ti.

-¿Peligroso? ¡No me fastidies! ¿Crees acaso que mi amor por ti no es más fuerte que su maldita energía? El podrá destruirte, Jesús, pero nunca podrá hacerte suyo. ¡No lo voy a consentir! ¡Ah…y por si acaso…! ¿Sabes lo que se les hace a los bebés cuando no quieren ingerir alimento?

-¿Es una amenaza?

-No, solo te estoy informando…

-¿Y qué les haces, pediatra macabra?

-¡Se les meto con una jeringuilla por la boca!

-¿Serías capaz de hacer lo mismo conmigo…?

-¡Si!

-Entonces…nada…me rindo…me rindo a vos, princesa… ¡Raquel…te quiero…Moscardón!

-¡Muy bien…pero eso dímelo después! Ahora hay que curar esa herida.

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