lunes, 12 de diciembre de 2016

EN EL SILENCIO DEL DESIERTO.- CAPÍTULO 32: EL TRIUNFO DEL AMOR.- UN NUEVO COMIENZO


Esta vez, sin necesidad del hermano pastor, regresaron a su valle. Jhoan había sacado a Huracán y cabalgaban juntos. Cuando estaba a punto de regresar a casa, vio a lo lejos a sus hermanos y fue hacia ellos. Se bajó del caballo y echó a correr, pero Huracán fue más deprisa que él y llegó antes a David.
Jhoan veía con extrañeza cómo Huracán había ido directo a David e ignoraba la presencia de Micael y Raquel. Se paró en seco y siguió observando, y por fin comprendió.
Micael seguía avanzando hacia su hermano, pero Jhoan era incapaz de moverse. Hubo un momento en el que Micael se paró y miró a su hermano, y le sonrió, y Jhoan, empujado por una mano invisible, echó a correr y se abrazó a él. ¡Y supo la verdad! ¡Aquel cuerpo era distinto, pero seguía siendo su hermano! No hablaron nada, solo se sintieron, se amaron. Enseguida llegó Raquel, y Jhoan fue a ella y la abrazó contra él.

- ¡Camaleón... por fin ese vacío en tu corazón, ha sido colmado!
- ¡Si Jhoan, y ya soy suya para siempre!
- ¿Por qué no nos dijisteis nada?
- Seguramente en estos cuatro días hubieseis estado pensando en celebrar una despedida, y sin embargo ahora, habrá que disfrutar de un regreso final. Ya nada nos separará hermano. ¡Pase lo que pase, estaremos juntos!
- Dime, hermano... ¿por qué Huracán os ha ignorado?
- ¡Pues porque no nos ha visto ni olido! ¡Solo vosotros podéis hacerlo! Para el resto del mundo, nosotros ya no existimos.
- ¿Y tu, David? ¿Sigues siendo normal, no...?
- Bueno, nunca he sido normal, pero sí, sigo con mi cuerpo de siempre. Yo solo les acompañé para apoyarles en la operación, pero mi cita es para más tarde. El David que creen que han matado, es Safram. Cogió mi viva imagen para protegerme. Hay muchas cosas que hablar y comentar, porque a pesar de lo desagradable de la experiencia, ha habido hechos muy hermosos, imprevistos, como todo lo que nos ha venido sucediendo últimamente, pero muy importantes. Volvamos a casa con los demás, y disfrutemos de ello.

Cuando Salomé, Juancho y Antonio supieron la verdad, no sabían si echarse a llorar o a reír. No sabían si era angustia lo que sentían sus corazones por la experiencia de sus hermanos, o alegría por tenerles allí para siempre. Se quedaron mudos, mirándoles fijamente. Solo Antonio fue capaz de reaccionar de una forma natural. Fue hacia Micael, le tanteó con la mano los brazos, el rostro y las piernas, y con una sonrisa sarcástica exclamó:
- ¡Hermano, a ti, en particular, te han hecho un favor! ¡Te han dejado mejor que antes! ¡Ahora sí que puedes decir que eres resultón!

Y Micael echó reír, con más ganas quizá que antes. Fue hacia Antonio y le abrazó intensamente.

Cuando se disponía ir hacia Raquel, ésta y Salomé estaban estrechamente abrazadas, y ésta lloraba y besaba a su hermana. Los hombres se alejaron de ellas y las dejaron con su intimidad.

Aquélla noche hicieron una cena especial. A pesar de la inconveniencia de comer carne en aquél lugar, pidieron permiso a los Hermanos para ingerir cordero. Se les dieron, y cuando fueron a la despensa, ahí estaba aguardándoles, preparado para cocinar. La cena consistió en un sabroso cordero con ensalada. Como Raquel y Micael ya no podían ingerir alimentos, pusieron sus manos sobre su ración, y los alimentos se fundieron con su energía. Hecho esto, los demás se dispusieron a comer.

La vida cotidiana volvió a casa. Cuando pasaron seis meses, abandonaron aquélla estancia y regresaron a Madrid. Huracán apareció una mañana en el jardín de la nueva casa de Sarita en Jordania, y supo enseguida que sus amigos no tardarían en ir a visitarla. Sus padres, ante la aparición milagrosa del caballo, se quedaron con él. No comprendían nada, pero eran creyentes, y vieron en Huracán un regalo del Cielo para su hija.
Micael acompañó en todo momento a su hermano David en los dos años de su actividad. Viajó por todo el mundo entregando la información, a lo que le ayudó también, y mucho, Marcos y Gloria, pues todos los viajes que realizaban los aprovechaban para difundir los trabajos de David.

A David le llegó el momento. Había un congreso en Jerusalén, donde se daban citas los políticos más relevantes del globo. La situación mundial estaba al borde del caos total, y se reunían para encontrar una salida, un respiro. Y David se presentó allí. Entregó a un grupo determinado de políticos información, y las cámaras de televisión tomaron una instantánea del momento que fue vista por millones de personas, entre las que estaban sus más acérrimos enemigos. Cuando cayeron en la cuenta de que habían sido engañados y al que habían matado hace dos años no era David Lamper, entraron en acción.

Micael le preparó para el momento. Cuando esa mañana saliera del hotel, un grupo de fanáticos le acribillarían a tiros hasta morir en plena carretera.
David abrazó a su hermano y le pidió que le acompañara a tomar su desayuno en el restaurante del hotel. Ambos bajaron y David tomó el mejor desayuno de su vida. Cuando estaba a punto de cruzar el umbral de la puerta de salida del hotel, apareció Raquel, y se fundió en un abrazo con su amigo. Y salieron con él a la calle, pero cruzó solo la carretera, y un coche a toda velocidad, descargó sobre él, dejándolo tendido sobre el asfalto en un charco de sangre.
Miguel se desligó de su cuerpo y fue hacia sus hermanos, y juntos fueron al encuentro de los demás.

Dos meses después, Marcos y Gloria, junto a un grupo de médicos sin fronteras españoles, cayeron asesinados en manos de unos guerrilleros en Sierra Leona. También ellos estuvieron a su lado antes de que les cortaran el cuello, y juntos regresaron a casa.

Durante cinco años, los visibles y los invisibles trabajaron intensamente. Jhoan se había visto obligado a salir a la luz, ya que no podía demorarlo por más tiempo. Alguien de la televisión americana dio con él y le ofreció las cámaras para que se dirigiera a todo el mundo. Era una intervención en directo, sin riesgo de ser censurada. Tenía que ser muy escueta, pero directa. Solo tenía quince minutos, para decir mucho sin ser interrumpido. Sabía perfectamente que después de aquélla aparición en público, su vida correría peligro. Pero había que hacerlo. Viajó con Salomé a Florida, acompañados de sus hermanos.
Después de su intervención fueron al hotel. A las tres de la madrugada, cuando estaban durmiendo, varios hombres vestidos de negro y con la cabeza cubierta, los sacaron de la cama, los metieron en la bañera, y los acribillaron a tiros.
Aquéllos asesinos abandonaron la habitación, y ellos ayudaron a sus hermanos a desligarse de sus cuerpos, y juntos regresaron.

Ahora todo el peso del trabajo lo llevaban sobre sus espaldas Juancho y Antonio. Habían unificado la asociación y la editorial, y su expansión se había orientado hacia América. Habían pasado ya cinco años desde la muerte de Jhoan y Salomé, y habían tenido que tomar el relevo. Por ello, del trabajo burocrático se encargaron otros hermanos, y ellos se dedicaron a viajar.

Fueron a Brasil y a Colombia. En esos dos países había comunidades de hombres y mujeres que comulgaban con sus ideas y proyectos. Eran seres humanos que deseaban seguir, contra viento y marea, luchando por la libertad. Eran personas totalmente inmersas en su mundo, en su sociedad, pero eran conscientes de otra realidad, la del corazón, la del Amor, la del espíritu, la de la conexión con otros hermanos del Universo. Eran humanos comprometidos, y que en esos dos países, como en otros muchos, eran ferozmente perseguidos, ya que eran considerados muy peligrosos para la salud mental de la sociedad.
En Colombia, precisamente, estaban siendo diezmados, y Antonio y Juancho querían solidarizarse con ellos. Dejaron el trabajo en Madrid en buenas manos, y viajaron para estar junto a ellos. A la salida de una de sus reuniones, las treinta y tres personas que habían ido a escucharles, junto con ellos dos, fueron hechos prisioneros por la policía local.
A los ocho días de su detención, sus hermanos se presentaron en la celda donde estaban retenidos, y supieron que su momento había llegado. Viajaron con ellos en el furgón que les trasladaba hasta el juzgado. Un coche se les cruzó en la carretera comarcal saliendo de él varios hombres armados. Sacaron del furgón a los policías y después de maniatarlos, empujaron fuera a Juancho y a Antonio, los condujeron a una campa, a unos cuantos metros de la carretera. Allí, después de darles una paliza y dejarles casi inconscientes, les rociaron con gasolina y les prendieron fuego.
No sufrieron mucho los mordiscos del fuego, ya que debido a los golpes, les dejaron en muy mal estado, y su inconsciencia era ya casi total.
Sus hermanos se introdujeron en el fuego y les sacaron. ¡Ya estaban todos juntos! ¡Ya podían regresar a Casa! Pero quedaba algo pendiente. Una preciosa joven de dieciocho años llamada Sara. Seguía en Jordania e iba a empezar sus estudios de medicina. En ella recaería gran parte de la responsabilidad de llevar a cabo hasta el final el plan, pero también heredaría una tierra nueva y renovada. Sus amigos había sido los corderos que se entregaron al mundo, pero ella sería de los hacedores de las nuevas naciones. Fueron a verla, y como regalo, le dejaron una rosa blanca, como la que ella guardaba ya seca de la boda de sus amigos, pero llena de vida, de color, de perfume. Esa rosa viviría junto a ella mientras palpitara su corazón.

Y juntos regresaron al HOGAR, a Casa. Disfrutaron de unas pequeñas vacaciones y enseguida comenzaron a planear de nuevo. Nuevo destino: la Tierra. Pero regresaban todos juntos. Ya no volverían a separarse nunca más. Tenían a un hermano muy querido trabajando en este bello planeta, al que le habían prometido ayuda y apoyo. Cumplirían su palabra y esperaban, por fin, poder disfrutar de la humanidad.

En un lugar de este Planeta llamado Tierra, un 17 de Junio
Del año 1.985

RAQUEL REYES J.

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